El encuentro, por Benjamín Díaz Painecura

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Al despertar, como de costumbre, trataba de recordar lo que había soñado. Era el mismo sueño que se repetía casi todas las noches. Se levantaba a media mañana, recogía el diario que había sido tirado en el jardín y miraba inquieto de un lado a otro presintiendo que alguien lo observaba. Luego, antes de entrar a casa, lo hojeaba sin entusiasmo hasta que justo cuando llegaba al obituario y creía descubrir el nombre de alguien cercano, su memoria quedaba en blanco. Ni por más esfuerzos que hacía la imagen del recuadro entre las cruces se borraba de golpe dejándole una profunda insatisfacción.

Un día cualquiera, luego de sonar la alarma, se sentó en el borde de su cama y la imagen de sí mismo dirigiéndose al jardín le vino de forma realmente nítida. Pensó que esta vez su memoria le permitiría llegar a la parte del sueño donde leería con claridad el nombre de la persona anunciada. Efectivamente avanzó lo suficiente. Sintió la tibieza del sol sobre su piel, se vio caminando hasta donde estaba el diario flameando sobre el césped del jardín. Recordó, al mirar de un lado a otro, que efectivamente alguien parecía observarle desde una ventana. Era un edificio de departamentos al frente, justo al costado izquierdo de su casa, donde alguien, que no pudo identificar, cerró repentinamente la cortina. Entonces prosiguió y al hojear el diario, como le era habitual en el sueño, las palpitaciones en el pecho se hicieron más y más intensas. El misterioso nombre, que tan esquivo le había sido a su memoria, se mostraría con nitidez al momento de dar vuelta la página. No fue así. Justo cuando creyó ver que las letras se rebelaban ante sus ojos y se comenzaba a cerrar el círculo, un rayo de luz inundó el espacio y cegó completamente lo que, hasta ese instante, parecía convertirse en un lúcido recuerdo.

Pasaron varios días luego de ese último momento. Su interés por develar el misterio decayó y, si bien, sus evocaciones no cesaron, hizo todo lo posible por bajarles el perfil. Lo que menos quería era caer en un abismo y ser llevado nuevamente por esa especie de laberinto que le había traído insomnio y una profunda ansiedad. Estaba decidido. Debía dejar de lado el asunto y concentrarse en su trabajo. Mal que mal las cuentas seguían llegando y pronto la familia aumentaría lo que generaba, sin duda, una mayor necesidad de recursos.

 Bajo esa nueva perspectiva las cosas comenzaron a tomar un nuevo rumbo y los recuerdos fugaces de sí mismo recogiendo el diario en el jardín de su casa mientras alguien lo observaba, sin siquiera mencionar el obituario, le parecían extraordinariamente ajenos, lejanos y e incluso absurdos.

Cierto día movido por la inercia de su actuar rutinario se levantó más tarde de lo habitual. De forma muy relajada, sin las preocupaciones inherentes del trabajo, se dirigió al jardín para recoger el diario. En el camino reparó en los botones de rosa que habían comenzado a florecer, pero no les prestó mayor atención en ese momento. El diario, enrollado como era habitual, dejaba ver una parte de su portada en la cual se resaltaba la derrota del equipo local frente a su tradicional rival, pero tampoco esto llamó su atención pues, si bien de joven había vibrado con el fútbol, esa afición se había enfriado casi totalmente. Ya de regreso hacia el interior de su casa experimentó nuevamente la sensación de ser observado y, con ello, la imperiosa necesidad de descubrir el origen de aquello.

La mañana estaba particularmente tibia y el sol brillaba sobre un cielo totalmente limpio. Esa luminosidad encandiló por un instante sus ojos y debió refregárselos para captar bien las señales del entorno. Fue ahí cuando se percató que desde la ventana de un cuarto piso del edificio de enfrente una mujer le miraba o al menos miraba en dirección hacia donde estaba él. Observó de paso que tenía el cabello largo y era particularmente delgada. No supo si actuar con indiferencia frente a aquella mujer o si manifestar, de alguna forma u otra, lo que para él era evidente. Indeciso esperó unos instantes. En eso estuvo por algunos segundos hasta que ella repentinamente, aunque sin apuro, juntó las cortinas desapareciendo de su vista. Quizá debió volver a realizar sus tareas diarias como todo el mundo a esa hora del día – pensó – o tal vez tenía razones para espiarle y necesitaba evitar que él lo notase.

Luego de esas cavilaciones regresó a aquello que lo había conducido hasta el jardín. Retiró el diario de su bolsa y lo comenzó a hojear como de costumbre. Le llamó la atención el mayor peso que ese día tenía. De seguro – concluyó – debía ser por todos esos suplementos de fin de semana que lo hacían más interesante. Así fue pasando una a una las páginas hasta que por fin llegó al obituario. Una sonrisa nerviosa se apoderó de su semblante. Por fin descubriría el misterio entre los anuncios de aquella sección. Frente a una de las cruces en un recuadro de media página se leía el nombre de una mujer… De inmediato reconoció ese nombre. Sin pensarlo atravesó, casi corriendo, la calle rumbo al edificio de enfrente. No se percató de cómo ni cuándo, se vio en medio del pasillo de un hospital rodeado de funcionarios y pacientes. Como pudo, algo aturdido por las circunstancias, se acercó a una de las salas. Miró ansioso a través de la ventanilla, pero solo vio una cama vacía. Forcejeó unos segundos tratando de abrir la puerta, pero la manilla estaba demasiado apretada.

***

Angela se levantó descalza y caminó hacia el balcón de su departamento en el cuarto piso. Apenas consiguió descansar un par de horas luego de uno de los turnos más duros desde que comenzó la pandemia. Aún no amanecía. Mientras bebe un vaso de agua piensa en el sueño que se le viene repitiendo con frecuencia y que en esta ocasión le ha desvelado. En el sueño observa a su padre que día a día pasa por su lado mientras ella juega en el jardín, junto a las rosas. Luego él recoge el diario, lo hojea sin mayor interés hasta llegar a cierta página. En ese momento, al leer una noticia, comienza a llorar sin ver que ella estaba ahí, a su lado. Angela intenta tomar su mano, pero no lo logra. Luego de aquello su padre, que había muerto dos meses antes de que ella naciera, se aleja sin decir nada. Los primeros rayos de sol se instalan sobre el balcón. Ángela, ya preparada para otra jornada, se apresura hacia a la puerta del departamento. Fuerza la manilla que está más apretada que de costumbre y sale rumbo a su trabajo.

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18 Comentarios. Dejar nuevo

  • Myriam Weinstein
    13 octubre, 2021 12:52 pm

    Mantiene el suspenso hasta el final. Muy buen cuento

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  • Esteban Andrés Soto Quintana
    13 octubre, 2021 2:23 pm

    Muy buena obra literaria, simple y muy emocionante, lo felicito al autor por esta fascinante obra.

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  • Jose Valbuena
    13 octubre, 2021 4:02 pm

    Bueno, espereaba mas narraciòn pero esta muy buena.

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  • Natasha Valdes
    13 octubre, 2021 5:45 pm

    Creativo, interesante, aunque el recurso del sueño es un lugar común, hay buen material para desarrollar una historia originalísima.

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  • Es muy bueno. Lo onírico se mezcla con la realidad y el intercambio de personajes siento que le dan fuerza al relato,

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  • María Angélica San Martín
    13 octubre, 2021 9:20 pm

    «Quedé marcando ocupada».
    A lo mejor me falta conocimiento para identificar los dos planos lo onírico y ficción.
    Interesante el encuentro, padre e hija?

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  • Demasiado explícito en el uso de. La terminologia para la. Comprensión del relato, buen manejo del suspense

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  • Jorge Fernández
    14 octubre, 2021 3:14 pm

    Buen relato, a ratos un poco lento, pero entretenido. Sugeriría modificar varias palabras ya que usas mucho los adverbios terminados en «mente». En general no provocan mayor intención sobre la acción que se describe. También divisé unos problemas de tiempos verbales en el último párrafo.

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  • Carmen Gloria Ahumada Cespedes
    14 octubre, 2021 5:13 pm

    Interesante texto. Sin embargo, creo que hay que mejorar la puntuación y evitar el exceso de palabras. Por ejemplo la frase: «Ni por más esfuerzos que hacía la imagen del recuadro entre las cruces se borraba de golpe dejándole una profunda insatisfacción» me parece mas fácil de leer si dice algo como: «Aunque hiciese esfuerzos, la imagen del recuadro entre las cruces se borraba de golpe, dejándole una profunda insatisfacción».
    Nota: Aunque no entiendo que quiere decir «la imagen del recuadro entre las cruces».

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  • Benjamín Diaz Painecura
    16 octubre, 2021 12:17 am

    Gracias Natasha, es solo eso, un sueño que se repite…

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  • Me gustó. Debo reconocer que éste me llegó. Pero pienso igual, en este caso y en los otros, hay que pulir el lenguaje para que el relato llegue sin ruido al lector.

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  • Ana M. Munster
    20 octubre, 2021 5:02 pm

    ¡¡Felicitaciones!!. Excelente narración. Mantiene el suspenso hasta el final y no permite vislumbrar el desenlace antes.

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