El psicópata de la ópera, por Raúl Rojas

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—¡Alto! ¡detente! —gritó la valiente detective Pereira, mientras corría. Se detuvo y dio un disparo al aire. —¡No puedes escapar, estás rodeado!

En ese momento, el abogado Jaime Iriarte Félix, al sentirse acorralado, se detuvo junto al cerco vivo de su casa en la cordillera. Dándole la espalda a Pereira, levantó sus manos en señal de rendición. Cuando ella se acercaba, sin dejar de apuntarle, el abogado sacó un revólver de su cinto y se lo puso en la sien. En un acto reflejo la detective le disparó en la pierna derecha.

—¡Lo que hiciste, se paga en este mundo! —le decía mientras lo esposaba. Él se quejaba del dolor.

***

La perspicaz detective Alicia Pereira llevaba meses tras los pasos del “psicópata de la ópera”, como había sido llamado por la prensa. Una vez al mes, durante los últimos diez meses, aparecieron sus víctimas, la mayoría muertas, excepto dos. Todas con rasgos de tortura, a los que, principalmente, arrancaba sus orejas y dejaba tirados en calles aledañas al gran teatro de la ciudad. Cada uno de ellos, fue encontrado con la cabeza envuelta con una bolsa de seda y, enterrado en el pecho, un abrecartas afirmando una hoja con parte de la partitura para violín, de alguna ópera. Las dos víctimas que se hallaron vivas, fueron encontradas en la puerta principal del teatro, con la misma bolsa de tela envolviéndoles la cabeza, pero vestidos de camisa blanca, humita y chaqueta de frac. En el bolsillo de la chaqueta tenían un sobre cerrado, con una entrada para palco de la siguiente ópera.

Estas víctimas fueron vitales para que la bella detective Alicia Pereira, pudiera armar el puzle y seguir las pistas hasta el prestigioso abogado Jaime Iriarte Félix.

Alicia Pereira tenía dos líneas de investigación. Con una de ellas, llegó al verdadero asesino, de quién descubrió que, cuando niño había tomado clases de violín y, la pista definitiva, su afición por coleccionar abrecartas. La segunda veta investigativa, tenía relación con una idea más conspirativa.

—¿Según quién? —dijo Alicia Pereira, mirándose en un espejo de su departamento. —Sigo pensando en esa idea. El abogado Iriarte no es el único, o verdadero, asesino.

Ese día, la detective estaba extraña.

—¿Extraña? —di… dijo Pereira. —Es que no “digo”, ¡te lo digo! —continuó, al parecer, “diciéndome” Pereira.

Después de un silencio incómodo, intenté seguir escribiendo. Algo raro sucedió.

—Imagínate lo raro que es para mí —volvió a decirme la intrépida detective Pereira. —¡Y córtala con eso de intrépida, audaz o bella, ¿qué tipo de escritor eres?

—¿Có cómo es posible que me estés hablando? —dije, dudando si de verdad podría escucharme. —¿Me oyes?

—Sí, pero no desde hace mucho tiempo.

En ese momento, dejé de teclear. Pensé que me estaba volviendo loco. Que escribir tantas historias relatando aventuras de la detective Alicia Pereira, me estaban haciendo delirar.

El resto del día traté de despejar mi mente. Caminé por el parque, compré algo en la feria…. Pero mi mente no dejaba de pensar y pensar.

Esa noche, me hice acompañar de una botella de vino y queriendo pensar en otras cosas, tomé un libro de relatos detectivescos clásicos, pero no pude pasar de las primeras hojas. Todo el tiempo pensaba en Alicia. Alrededor de las diez de la noche, cuando aún no terminaba la primera copa de vino, sentí golpear la puerta. Cuando abrí, sentí como que mis piernas se desvanecían y un escalofrío recorrió mi espalda. ¿Cómo podía ser posible?, frente a mí estaba parada la mismísima detective Alicia Pereira.

—¿No me invitarás a pasar?

—Eh…, sí por supuesto, pasa, adelante —dije tartamudeando.

—Sabía que un día daría contigo.

—Pero esto no es posible. No puedes estar acá.

—Para una perspicaz, audaz y astuta detective, nada es imposible. —Noté el sarcasmo en su voz.

—¿Tomas vino? —sabía la respuesta, pero esperé su confirmación. Asintió con su cabeza.

No podía creer lo hermosa que era. Si bien era igual a cómo la imaginaba, tenerla frente a mí, era asombroso. Sus ojos brillantes, su pelo, no sé, estaba atónito.

Después de hablar cosas irrelevantes, como analizar el sabor y olor del vino, la miré fijamente y le dije: —¿Cómo es posible que seas real?

—Pienso lo mismo —dijo ella.

—Pero tú…, tú sales de mi mente.

—Ahora que te tengo frente a mí, siento algo parecido respecto de ti —dio un sorbo a su copa.

—No tiene sentido lo que dices —dije poniéndome de pie. ­­—No quiero sonar arrogante ni nada, pero tu existencia se debe a mí. Yo soy como el Dios de tu mundo.

—Interesante punto. Pero no has pensado que la razón de tu existencia, tiene el único propósito de escribir sobre mí.

—Eeeh… —no supe qué responder.

—Además, mi mundo, así como lo llamas, no es muy bueno teniéndote como Dios. Es más, en el último caso que investigué, tú eras mi segunda línea investigativa. Tú eras el resultado de mi idea conspirativa.

—¿Qué me quieres decir?

—Que tú eras el verdadero asesino.

—¿Qué dices?, cómo yo voy a ser….

—Y ahora que lo pienso, eres el asesino de éste y los otros casos que he investigado —me interrumpió.

—No lo veas así. Yo escribo sobre ti, por lo atractivas que son tus historias. Eres muy conocida. La gente que te lee, te ama.

­—¡Pero es sádico de tu parte! La gente muere, para que tú escribas. Es más, en el caso del psicópata de la ópera, pude evitar varias muertes. Después de la cuarta víctima, tenía algunas certezas de que el asesino era el abogado Iriarte, pero tú, dale con que investigara sobre los niños que a principios de los años ochenta tomaron clases de violín. Esa pista me alejó…

—Pero había que mantener el suspenso.

—¡Pero murieron cuatro personas más!

—¡Pero no existen!

­—¡Cuando te mueras, tú no existirás, pero tus novelas, es decir, yo, seguiré viviendo!

Con ese comentario quedé sin capacidad de respuesta.

—Creo que es mejor que me vaya —y sin más, dejó la copa de vino a medio terminar, se paró y se fue.

Por los siguientes tres días no me acerqué al computador, no escribí ni una sola palabra sobre la vivaz detective Pereira, perdón, la detective Pereira. Eso sí, no dejaba de pensar en ella. Su voz, su pelo, su olor. Al cuarto día me visitó nuevamente. Esta vez estaba diferente. Conversamos sobre ella, sobre mí y bebimos otro Carmenere.

Sus visitas se hicieron más constantes.

Al año siguiente, publiqué una nueva, y última, novela sobre ella, titulada: “El Psicópata de la Ópera”. En esta historia, la valiente Alicia Pereira, última vez que ocupo un adjetivo, me lo tiene prohibido, dice que es de mal gusto y que se nota demasiado mi devoción por ella…. En esta historia, Alicia Pereira descubre quién es el asesino serial, después de cinco víctimas. El número de muertos lo negociamos. En la revisión de esta novela, debatimos mucho si debía matar su personaje al final, pero llegamos a la conclusión que, si moría en la ficción, podría morir en todos lados.

Mis lectores, o sus lectores, no volvieron a leer una nueva aventura sobre la famosa detective, no supieron más de ella. En el departamento de policía, donde Alicia Pereira trabajaba, tampoco.

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20 Comentarios. Dejar nuevo

  • Wow me encantó, muy ingenioso, me atrapó y a la vez me sorprendió. Tuve que re leer la parte donde Alicia Pereira cobra vida, ese viraje le dio mucha originalidad a esta historia, felicitaciones al autor, simplemente genial..

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  • Myriam Weinstein
    14 mayo, 2021 2:37 pm

    Me gustó mucho. Mantiene la atención hasta el final. Mezcla dos mundos, el de la ficción y el de la realidad.

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  • Muy entretenido, me gusto

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  • Cristina Pradenas Hernández
    14 mayo, 2021 8:51 pm

    Sin duda, el autor tiene un gran futuro. Maneja bien las palabras y es bastante creativo. Está tan integrado a la trama que es capaz de dar vida a la protagonista ayudado por la ficción.

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  • El relato al principio me parecía como cualquier otro de novela policíaca, de hecho estoy leyendo “Eva” , de Arturo Pérez – Reverte y era casi la misma tonalidad o color. Hasta que wow! La sorpresa de que “La astuta Alicia Pereira” (le he puesto un adjetivo) llega a exigir su protagonismo como guionista, es un vuelco que atrapa.

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  • Ana M. Munster
    14 mayo, 2021 10:26 pm

    La mezcla de ficción y realidad es muy atrayente. Mantiene el suspenso, pero a la vez me dio la sensación de que presentía el desenlace. Es mi percepción. En todo caso muy bueno.

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  • Muy interesante. La mezcla entre la ficción y “la realidad “ es ingeniosa. Me atrapó la lectura, aunque el cierre no me satisfizo mucho.

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  • gean doussang
    15 mayo, 2021 12:45 pm

    Conchetuma… se dice en Chile cuando algo es increiblemente bueno…!!!

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  • WINNIE ANTOGNINI
    15 mayo, 2021 9:57 pm

    Si, me gustó, creativo, ameno, original.
    Buen futuro para el nobel escritor.

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  • Corina Prado Navarro
    16 mayo, 2021 12:14 pm

    Es una muy buena narración, mantiene la curiosidad y atención hasta el final, pero debe mejorar en:
    Puntuaciones : uso de guion (se usa para marcar parlamentos de algún personaje) comas (nunca va una “y” seguida de coma”y,”
    El relato tiene excesos de “su, sus, se, me, mis” lo que ensucia la narración
    Es importante utilizar los tres puntos, eso aumenta el suspenso de la trama.
    Un relato de Ficción debe utilizar muy bien los signos de puntuación, ellos acentúan o disminuyen todo el valor de la trama.

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  • Muy bueno, entretenido y original

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  • Marta Bretos
    17 mayo, 2021 11:51 am

    Me gustó mucho este relato. Es una mezcla de imaginación y realidad entretenida. El final es lo mejor. Felicitaciones al autor. Un éxito logrado.

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  • Francisco Antonio Bustos Ubeda
    17 mayo, 2021 7:00 pm

    Comparativamente hablando Agatha Chistie, estuvo siempre enamorada de su personaje principal Hércules Poirot, por su astucia, inteligencia y capacidad de análisis, prueba de ello es que lo magnificó y ensalzó hasta el paroxismo y lo convirtió en un detective infalible, que quedó plasmado en cada historia que contó de él, incluso permitió que Hércules fuese aún, más famoso que ella, accediendo para que Hércules alcanzara el estrellato en el cine
    Raúl Rojas también ama a su personaje, tanto o quizás más que Agatha , pero no quiere que ella, Alicia Pereira lo sobrepase en prestigio y fama y le enrostra en la cara, su pertenencia categórica , como amo y dueño absoluto de ella (como su Dios):a su vez ella hace lo mismo con él y le reprocha su actitud posesiva , seguidamente lo abandona , dejando su copa de vino a medio consumir, como señal de desacuerdo.
    El amor reciproco que se profesan ambos, es tan sensual e intenso , que deciden inmolarse en el recuerdo imaginario colectivo , en un pacto de amor, como en la historia romántica de Romeo Y Julieta.
    Felicitaciones Raúl por tu hermosa historia, Creo haber dilucidado tu enigmático acertijo

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  • Se hace muy entretenido.
    Al principio era una trama policial y luego la transformaste en un relato del propio oficio de escritor y sus fantasmas en el proceso de la creacion, interactuando con sus propios personajes, desenmascarando entre lineas él ego ylos gajes del oficio del escritor.

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  • Buena

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  • Hola es interesante,para quien ama mi policial,jjjj pero yo soy de gusto de lectura divertida jjjj…Pero buena…

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  • Muy bueno, felicitaciones, el giro del cuento, desde la narración sobre la detective, hacia lo cotidiano de la vida del escritor. Saludos

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  • Susana Vega Araya
    23 mayo, 2021 7:07 pm

    Felicitaciones!
    Me resultan muy atractivos los relatos ,mejor dicho, tu cuento metaficcional.
    Esa superposisión de realidades , entre lo mental y lo visible , entre protagonista y narrador y el final que me hace pensar… que mundo paralelo los verá ahora paseando juntos?
    Me supera mi naturaleza romantica sobre el triller ! Pero me encantó , Felicitaciones Raúl

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  • Rosa Candia Candia
    12 junio, 2021 7:27 pm

    Una mezcla bien descrita entre la ficción y la realidad, Felicitaciones¡¡

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  • Fáscinante, lectura fácil, atractiva, atrapante, comprensión rápida y entretenida… sin ser experta opino de lo que me gusta y no me gusta, de lo que me atrapa ó nó en cuanto a lectura.
    Me olvidé por completo de que leía desde el celular, fué como leer un buen libro comodamente en el sofá.
    Gracias. J.C.Sánchez

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