Estamos a mano, por Ronnie Ramos

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Llegó desde América al aeropuerto de Barajas como primera escala y anunciaron por altavoces que el siguiente vuelo estaba demorado en al menos siete horas por un aviso de bomba en el aeropuerto italiano de destino. Presintió que estaba predestinado a que eso ocurriera y decidió aprovechar de conocer algo de Madrid. Se acercó a la oficina de información turística para saber de lugares de interés del casco histórico que podía visitar en ese lapso y una vez que lo orientaron, despejó su muñeca izquierda para ver su reloj y chequear el tiempo del que disponía, tomó el metro y se bajó en Estación del Sol. Sus pasos parecían atraerlo magnéticamente a la Calle del Carmen. Caminó seguro, determinado, como si el recorrido lo hubiera hecho muchas veces y tuviera una cita en pocos minutos. Se encontró de pronto en el café Europa.

Allí en las mesas exteriores estaba ella, sentada, apacible, su cuello flectado y mentón apoyado en los nudillos de la mano izquierda, leyendo un libro, en la mesita redonda de mantel verde que hacía juego con sus ojos, rubia como el sol, mascada roja en su cuello a tono con sus labios carmesí. Como si hubiera escuchado sus pasos levantó lentamente la vista. Sus ojos hicieron contacto, ella dejó el libro abierto boca abajo en la otra silla para no perder la página, esbozando una leve sonrisa que revoloteó unos segundos en el aire, él sorprendido quiso atraparla y devolvérsela, pero fue tan fugaz, que desapareció. Se acercó a la mesa y le preguntó si el otro puesto estaba ocupado, a la vez que hizo un gesto llamando al elegante garzón para pedir la carta. Qué os pasa, acaso no veis que está mi libro, le respondió como si tuviera la respuesta pensada de antemano.

– ¿Hasta cuándo con los estereotipos? No me gustan las rubias. ¿Por qué no podía ser morena de ojos oscuros? ¿Y estar hablando por teléfono o leyendo el diario o simplemente una revista de historietas?

– Son los privilegios del narrador, tú sólo eres el personaje y te debes adaptar a lo que yo diga. Conozco mi oficio y dicen que lo hago bien. Confía en mí.

No creo que el libro se moleste si lo dejas un rato en la mesa. Por lo demás podría tomarlo y leerlo en voz alta para ti, mientras termina tu café. –¿Qué lees? – le preguntó. La historia de mi vida – le respondió ella –, mientras dejaba volar otra sonrisa que se posó en el libro antes de desaparecer. El garzón trajo la carta con todas las variedades de café y se retiró. Ella dirigió la mirada al viajero con mezcla de asombro y nostalgia. Decidme si de verdad eres tú. Te he esperado por años en esta cafetería cada sábado por la mañana y he regresado a casa triste, pero con la certeza que algún día llegaríais.

– Definitivamente no. Demasiado inverosímil, cursi, trivial, predecible. Ahora apuesto que dirás que se llama Penélope. Tu tema es que tienes una obsesión con las rubias. Por otro lado, no sé si te has fijado, pero yo soy siempre el personaje de todas tus novelas y cuentos y sólo me vas cambiando el nombre o uno que otro detalle físico, pero siempre soy yo.

¡Ya te descubrí! Eres el de la mesa de enfrente, el de poco pelo y barriga abultada, que está anotando todo en una libreta negra. Me lo imaginé. Siempre te he visto espiando en las historias como otro personaje. Te proyectas conmigo. Gracias a mí has sido detective, galán, amante, aventurero, asesino, enjuiciado y redimido. ¿Y si por una vez cambiáramos puestos? Deja tu libreta y lápiz en la mesa. Yo seguiré escribiendo la historia y tú serás el protagonista junto a tu rubia.

Como cada sábado, llegas temprano a la fuente de soda “Don Emilio”, te sientas en la misma silla de siempre, sacas tu libreta negra con elástico y tu lápiz de pasta azul por si alguna historia aparece por inspiración. Pero hoy menos que nunca puedes sacar los ojos de encima a la mesera rubia que es el verdadero motivo de tu visita. Te incomoda un poco el contraste del color de su pelo con el de sus cejas azabache, pero esto pasa a ser un detalle.

Porque hoy dejas de imaginar que la conoces en Madrid, que es amante de la lectura, que lleva un elegante pañuelo al cuello y que tú eres un galán de paso por España.

Hoy simplemente admiras su belleza, su simpatía y el encanto que desborda cuando te atiende. Hoy dejas de lado tus miedos para hablarle y le dices que no pedirás lo mismo de siempre, que por favor, te traiga la carta. Ella sonríe y te dice que no es necesario, pues sólo hay dos opciones: completo normal o italiano y para beber, jugo, bebida, té o café.

Tú te esfuerzas en ser simpático, sonríes y preguntas qué te recomienda ella. El italiano está muy bueno, yo me comí uno hace poco, te dice juguetona, entre broma y en serio. Tú asientes y le dices que además quieres un té. Luego le preguntas si Don Emilio es su padre, su patrón o su esposo; ella se persigna, “Dios me libre”, ni casada ni enamorada, trabajo aquí hace dos años. Osada te comenta que siempre “te ve solito” en la mesa, te pregunta si eres casado o tienes una “peor es nada”, le respondes que ni lo uno ni lo otro. La llaman de otra mesa y te deja con las ganas de seguir conversando.

Cuando vuelve con tu pedido, el diálogo continúa. Mira tu libreta negra y te pregunta a cuántas personas tienes que matar hoy. La risa nace espontánea entre ambos. Le dices que en la libreta escribes historias y guardas sueños. Te pregunta si puede ser parte de una de esas historias o alguno de los sueños. Le respondes que por supuesto y le preguntas con qué sueña. Suspira y te dice que le gustaría algún día conocer Madrid y tomar un café rico en alguna cafetería elegante al aire libre y allí conocer al amor de su vida.

 Miras hacia la otra mesa y me ves. Te guiño un ojo. Estamos a mano.

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21 Comentarios. Dejar nuevo

  • Si. Es muy “pirandeliano” . Trabajando mas la prosa, podría ser fenomenal.

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    • Lleva a la evocación de El Socio de Genaro Prieto .. también a una película que no recuerdo el nombre que ví hace poco….interesante….Se me vino otro recuerdo además cuando Andrés Pérez pasaba horas en cafés y lugares solo conversando y compartiendo con gente …De lo cual podía surgir algún personaje…

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  • Carmen sarue
    26 abril, 2021 1:41 pm

    Agil y entretenido..tu escritura..a tu estilo simpatico..bien logrado tu metaficcion..me gusto mucho..

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  • Marta Moenen
    26 abril, 2021 2:34 pm

    En un principio me pareció interesante….luego, me perdí. Tendré que releerlo. Y en algunos párrafos hubo errores gramaticales…. para mi, los corregí.

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  • oy me imagino a la primera linea de la plaza de la dignidad quemando Madrid

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  • Susana Buffelli
    26 abril, 2021 9:26 pm

    Me resultó un poco difícil.
    Lo leí varias veces. Es ágil,poco convencional , propio de un escritor avanzado y del tipo de narrativa.
    Adelante!!!

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  • Natasha Valdes
    26 abril, 2021 9:34 pm

    Interesante, desde la trama hasta la metalepsis , el conflicto del escritor en un breve cuento casi imposible de explicar, pero lo hace con ingenio y buen manejo del lenguaje. Felicitaciones.

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  • Me interesó al principio, me costó seguirlo, tuve que leerlo nuevamente, bien planteado el conflicto, me encantó el final,,

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  • en alguna parte me perdí, me lo releí, simpático, lúdico, liviano.

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  • Gabriel Rojas iglesias
    27 abril, 2021 12:20 pm

    Interesante relato. Mostró gran preocupación para cumplir la tarea. A ratos, debo reconocer que me pierdo y debo releer. En todo caso muy original relato. Felicitaciones Ronnie

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  • Myriam Weinstein
    27 abril, 2021 1:21 pm

    Me encantó. Y como mezcla las realidades. Cuesta un poco entenderlo al principio, pero lo hace más interesante

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  • Susana Inés Vega
    27 abril, 2021 7:34 pm

    Genial!!
    Entretenido. Esa mezcla de protagonista y narrador, pone en alerta al lector al punto de tener que repasar lo leído con mayor atención, genial.
    Me encantó tu cuento, te felicito por tu creatividad… como logras además que “ella”, tu personaje femenino, sea un doble personaje!!! Buenísimo

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  • Rosa Candia Candia
    28 abril, 2021 2:01 pm

    Me perdí absolutamente¡¡¡

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  • Creo que lo metaficcional está presente con claridad, en un relato que me trasladó al café Europa de calle del Carmen, como si fuera una clienta observando lo descrito. Me gustó mucho, Ronnie.

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  • Víctor Calderón
    28 abril, 2021 3:42 pm

    WENO!!!… no tengo costumbre de releer, pero fluye sin problemas a la imaginación del lector.
    Gracias.

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  • Simpático, pero no logra cautivar por completo.

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  • Sebastián Galdames
    1 mayo, 2021 12:22 am

    Fui de los que tuvo que releerlo. La primera vez que lo leí más desconcentrado entendí la idea y el final, pero me perdí entremedio. La segunda vez entendí mejor.

    Creo que mi incomprensión se debe a mi falta de atención la primera vez, porque a mi juicio, la prosa está bien manejada. Sin embargo, puesto que la metaficción presenta ciertas rupturas y, por tanto, ciertas dificultades a una lectura que espera linealidad, creo que sería útil para el lector meter algunas frases más breves por aquí y por allá. En todo caso, es un detalle, y concierne algo estilístico, así que queda a juicio del autor.

    En general el lenguaje me parece lúdico, como juguetonamente desafiante. Me parece bien, porque la relación en juego es la del personaje y del narrador/espectador/segundo personaje. Por lo mismo, yo revisaría la primera vez que el personaje/narrador se dirigen la palabra. La ruptura en ese momento es como de un solo golpe, algo menos elegante que el resto del texto, o quizás muy rápida y unívoca.

    Más allá de estos detalles, me parece un cuento bien logrado, con una complejidad solapada muy bien manejada. Entretenido y de lenguaje ameno y a ratos ágil. ¡Felicidades! Gracias por compartir.

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  • De seguro es genial,,el enfoque y la dirección y la forma de mostrar esto .yo me quedo atrás, debo leerlo de nuevo , no tengo tanta capacidad.

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  • De fácil lectura, muy simpático y entretenido, una sonrisa se asomó por mis labios, genial!

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  • Carolina 😘
    10 mayo, 2021 10:30 pm

    Interesante

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