La cicatriz, por Jotacé Sánchez

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El médico se acercó a la camilla con un gesto severo. Llevaba un delantal blanco, muy blanco, que contrastaba con la tristeza de la habitación. El herido recién despertaba de su inconciencia y apenas podía mantener los ojos abiertos. Estaba exhausto y débil. Parecía grave.

−Has sido valiente. Felicitaciones.

−Agua… por favor.

Un suave trazo de sol caía directamente desde el tragaluz sobre la camilla, imitando al foco que anunciaba la salida de los actores al escenario. Algunos pasos más allá, en la penumbra, dos jóvenes conversaban entre murmullos, serios y expectantes. Seguían con atención los movimientos del médico. Las partículas de polvo en suspensión teñían el ambiente de un aire fantasmal.

−Antes de darte agua debo examinarte. ¿Me entiendes? Podrías sufrir un colapso.

El herido asintió resignado. Una lágrima silenciosa resbaló por su mejilla y el médico, con un movimiento que debió sorprender a los jóvenes espectadores, lo acarició. Revolvió su cabello con suavidad.

−Me encantaría aplicarte un calmante, pero no es conveniente en tu situación.

Lo auscultó con parsimonia. Tomó su temperatura, examinó sus oídos, sus pupilas, le pidió que abriera muy grande la boca, que sacara la lengua, recorrió con la mirada su piel, sobre todo en la punta de los dedos y de los pies. Finalmente revisó su presión arterial.

−Tu corazón parece un motor de carreras, muchacho. Necesito que te tranquilices…

Le hablaba muy cerca del oído.

−¿Sabes cómo tranquilizaba a mis hijos cuando tenían miedo? Les contaba una historia.

Se volteó un momento para ordenar que le trajeran un vaso de agua. Los jóvenes se demoraron en reaccionar. Uno de ellos se puso en marcha, salió de la habitación y cerró la puerta con delicadeza, como si no quisiera interrumpir ese momento en que un hombre se entrega a otro buscando consuelo. O amor. O lo que sea.

−Te contaré una historia acerca de mi madre. Sí, querido. Me has hecho recordar a mi madre y la vez en que debí correr, una y otra vez, en busca de agua para aliviarle el dolor. Fue hace mucho, mucho tiempo. Yo tenía cinco años y ella era todavía una mujer de ideas fijas como tú, ¿sabes? Una mujer testaruda y devota… lo que está muy lejos de ser una virtud.

El médico se incorporó y dirigió la vista hacia el tragaluz, como organizando sus recuerdos. Luego volvió a mirar al herido y tomó con suavidad una de sus manos.

−Aquel día mi madre me llevó con ella al templo de la Virgen de Lourdes, pues debía pagar una manda. ¿Sabes lo que es una manda, cierto? Una deuda que contrajo voluntariamente con la Virgen. Le había pedido que arrojara a mi padre de la casa, que intercediera por ella para que la dejara tranquila, para que no volviera a romperle la nariz. Ella, en cambio, le pagaría el favor recorriendo de rodillas el trayecto que iba desde la entrada del templo hacia el altar. Parecía un trato conveniente, un buen negocio. Pero no contó con que mi padre desaparecería para siempre una noche de verano, ni menos aún con que debería cumplir su manda un mediodía de calor abrasador. Así que ahí estábamos, mi madre y yo, de pie frente a un camino de baldosas rojas e hirvientes. ¡Y no éramos los únicos! Varios hombres y mujeres avanzaban de rodillas hacia el altar, con las piernas desnudas y los rostros abatidos por el dolor de las quemaduras, mientras sus acompañantes y familiares, sus padres, sus hijos, sus primos corrían a buscar agua a una fuente cercana, en botellas o baldes, para enfriar las baldosas en ese lento avanzar de los penitentes. Al final del camino, a una distancia que me pareció interminable, la imagen de yeso de la Virgen parecía mirar complacida ese espectáculo absurdo.

>>¿Sabes lo que es el terror? Seguro que sí. Yo sentí terror en ese momento. Y me abracé a las piernas desnudas de mi madre y le pedí que no lo hiciera, que nos devolviéramos a casa, pero ella me respondió que tenía un compromiso. Que no podía arriesgarse, que si acaso yo quería que mi padre volviera, me preguntó, y yo recordé sus manos grandes, su olor agrio, su furia, sus golpes y le respondí que no, que no quería volver a verlo nunca más. Ella me dijo que debía ser valiente, que confiaba en mí. Me besó en la mejilla y me entregó una botella pequeña para que corriera en busca del agua que enfriaría las baldosas. Lo hice. Corrí entre la muchedumbre alucinado, alcancé la fuente, llené la botella y volví. Derramé el contenido sobre las baldosas y mi madre por fin se arrodilló para comenzar el camino. Una mueca de dolor se dibujó en su rostro y yo volví a correr hacia la fuente.

La puerta se abrió de nuevo Era el joven que volvía, silencioso, con un gran vaso de agua. El médico se incorporó un momento para recibirlo, le agradeció con indiferencia y bebió un sorbo. El herido le dirigió una mirada suplicante.

−Tranquilo muchacho, ten un poco más de paciencia. Todavía falta la mejor parte de la historia. Te va a encantar saber lo que ocurrió.

Dejó el vaso sobre una mesa pequeña, volvió a tomarle la mano al herido y continuó.

−Yo corría una y otra vez. Sentía que el camino hacia al altar era larguísimo, que mi madre avanzaba muy lento, que nunca podría traer suficiente agua y que la que traía se evaporaba muy rápido. ¡Tan rápido! Todo era estúpido. ¿No lo crees tú? ¡Ah! Las ideas fijas, esa necesidad de creer en algo que nos dé un poco de sentido o simplemente para pertenecer. Para no sentirnos solos. Tú sabes de lo que hablo. O quizás no. Pero yo, en ese momento, tuve una revelación. En el camino de vuelta me detuve, sí, me detuve para observar a mi madre desde lejos. Y la vi tan sola entre la multitud de penitentes. Avanzaba lento, con una mueca espantosa. Me buscaba con la mirada… claro, quería el agua. ¿Me sigues? Pero yo me escondí detrás de un árbol. Sabía que le dolía, pero ¿cuánto?, ¿cuánto era suficiente?, ¿cuánto era capaz de aguantar un ser humano para que no se le desmoronen las ideas? Necesitaba saberlo. Ella estaba atrapada en el camino de baldosas. Solo podía avanzar o levantarse, hacer el sacrificio o rendirse ante el dolor. ¿Qué decisión tomaría? Yo hubiera preferido que se rindiera, que se pusiera de pie.  Pero mi madre era testaruda, muchacho. ¡La idea fija! La auto imposición no le permitió levantarse. La vi convulsionar de dolor y avanzar más rápido, más y más rápido, con los ojos cerrados hacia el altar. ¿Estaría saliendo olor a carne quemada?, ¿se estaría rompiendo las rodillas?, ¿habría sangre en el piso? Todo eso me preguntaba, oculto tras el árbol y mientras lo hacía, me di cuenta de que algo estaba cambiando. Mi madre había dejado de buscarme con la mirada, dejó de esperar el agua y de esperarme a mí. Ella sufría y para mí que estaba tan lejos, ese dolor simplemente no existía. Pero lo más interesante es que para ella, que experimentaba aquel dolor, había dejado de existir yo. ¿Entiendes lo que digo?

El médico volvió a tomar un sorbo de agua.

-Finalmente mi madre se salió con la suya. Llegó al altar, pero ni siquiera pudo ponerse de pie por sí misma. Algunas de las personas que estaban ahí la ayudaron a levantarse. Yo corrí a su lado para abrazarla, pero ese abrazo fue solo un formalismo, un gesto vacío. Nunca más hablamos del asunto. Ella se quedó con dos grandes cicatrices en las rodillas, y yo… y yo…

Se quedó pensativo, como arrobado por sus propios recuerdos. La voz del herido lo hizo reaccionar.

−Agua… por favor.

−Claro, muchacho. Espero que hayas aprendido algo. Bebe, bebe un poco de agua y toma pronto una decisión.

Lo ayudó a levantar la cabeza, le acercó el vaso a los labios y luego de que el herido saciara su sed, se dirigió a los dos jóvenes que observaban atentos.

−Señores, pueden continuar con el interrogatorio. Todavía aguanta un poco más.

Antes de dejar la habitación, oyó el sonido del generador eléctrico que volvía a encenderse.

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Vilma Torres

Terrible relato….. no creo que existiera tal médico atendiendo a un torturado….. espero que no. Me suena a un galeno psicopata…… puede que sea lo que un torturado necesite para seguir manteniéndose firme a sus convicciones ante la tortura.
El relato es muy gráfico, te lleva a sentir el amor del médico y el sufrimiento del torturado….. deja un sabor amargo.

Carlos Bottner

Lamentablemente, sí existen. Basta leer La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa (basado en hechos comprobados), para enterarse de que ha habido médicos que se han prestado para mantener vivos a los cautivos, para que aguanten un poco más de tortura.

alejandro

si, eso le paso a kiki camarena. Sale en narcos mexico

Mateo

Buenas noches la parte donde dice : dónde los actores entran Al escenario me recordó un poema que escribí que se titula reina del teatro.,así que te felicito 😀

Elsa Patricia Aravena Perez

No se, no me conmueve ni sigo el relato con expectación. Soy sensible a los horrores de la dictadura, sin embargo no me produjo nada

Carlos

Vilma, existen. En Chile existieron durante la dictadura.

María Alicia

El médico recibió el vaso de agua con un qué? Gesto de indiferencia o un… Fue error de imprenta? Me gusta mucho el relato FELICITACIONES!

Juan Carlos Muñoz

¡Ooooh! Jotacé, te felicito. Lejos lo mejor que he leído en cuento. Se siente perfecto ese vaivén del que hablas, que nos enseñas, la curva de tensión. El relato del tipo es desgarrador, emocionante. Guauuu, y el tipo era un desgraciado. Increíble. Buenísimo.
Gracias, porque leer cosas buenas, te dejan bien para todo el día.

Guillermo Chávez

Sin dejar de reconocer la calidad literaria de Jotacé, tu comentario me parece la reacción típica de un masoquista…

Rocío Salinas

Me encantó el relato, me dejo la piel de gallina
Es muy emocionante la historia que el médico cuenta
Felicitaciones

Mariana Maetschl

Hola.
Me gustó mucho el relato, quedé atrapada en él. El final, desconcertante y magnífico.
Existe la palabra ARROAJAR? La busqué y no la encuentro, quizás es un error de tipeo.
Te felicito, gracias!

Last edited 1 año atrás by Mariana Maetschl
Vero

Buenísimo!! Me encantó! Amo los cuentos que te mantienen en vilo mientras los lees, y que te sorprenden con un final inesperado!! Seco JC!!!

Natasha Valdes

Bravo!!!! Genial, apasionante desde la primera hasta la última frase. Eso ES UN CUENTO. Kudos

Janneth

Amigo mío es un relato ,interesante en la vida real no sucede q el médico tengas esas acciones y ese tipo de conversaciones .Pero en las lecturas todo se vale .sería genial que pasará en la vida real me gusta su moraleja.siempre me ha encantado las historias con enseñanzas.te felicito Juan ce

Magaly

JC, el relato me mantuvo muy interesada. La verdad cometí el error de ir a los comentarios antes de yo comentar. Pensé que era un joven delincuente o alguien que había cometido un accidente. No saqué conclusiones respecto de un torturado. No fui capaz de relacionar la experiencia de la madre con lo que estaba ocurriendo con el joven. Sólo al final cuando le dio de beber del vaso que él ya había tomado y llamó a los que esperaban para interrogarlo, me di cuenta había llegado el final del cuento.

Iván Olguín

Muy buen relato JC. El comportamiento del médico con el paciente se me hacía muy extraño., al final se explica el por qué tanto show.
Respecto a las “ideas fijas” y a la religión en particular… es la condena del ser humano, pienso yo, la incapacidad de entenderlo todo. Al final del día no podemos comprobar la existencia de un Dios, pero tampoco su inexistencia… llegados a ese punto, algunos caen en el fanatismo y otros en el nihilismo extremo… al médico no le faltan “motivos” para cometer atrocidades.
Felicitaciones JC!

Cecilia

Excelente cuento, recorrí el camino doloroso junto a la madre y el final sorpresivo me impactó.

Selma Jashes

Felicitaciones!!!!! Jotacé, todo el relato me mantuvo expectante. Encuentro genial como el comportamiento psicopático es tan sutilmente presentado al principio ; así como la forma de ir develando el sadismo. Un cuento corto que deja una larga sensación de aversión y fuertes emociones negativas. ¡Me encantó!

AleH

me hizo pensar en Mengele

Dago

Muy bien. Y con combo en l’hocico, como pregonaba Cortázar. Muchas gracias y felicidades.

Macarena

Gran cuento, me mantuvo expectante a saber como terminaba. Totalmente sorpresivo. Mis felicitaciones por tu relato. La perversidad del médico me impresionó.

Ramiro Oliveros D

Excelente relato, ¿Cuánto dolor estas dispuesto a soportar por mantener tu ideología, tu lealtad, tus convicciones?
Médicos así y peores han estado al servicio de interrogatorios y torturas, el juego a ser Dios, tener en sus manos una vida.
Aplausos para tí JC!!

Pedro Conrado Cudriz

Varias cosas,

Una, me prendió por las orejas y el resto de los sentidos mas o menos por la mitad del relato.
Dos, me pareció interesante porque donde vivo, los viernes Santo hay picaos, flagelantes y me tocó fibras.
Tres, el relato tiene fuerza literaria.
4, No le da masticado todo al lector.
5, es un cuento de final abierto

Fátima Bortot

Excelente relato…sumamente emocionante,atrapa al lector y me encantó el rol del médico

Glorissiel López

Hola, estoy aprendiendo, debo decir que el relato y la actitud del médico me mantuvieron en un nivel de emociones esperanzadoras, comparándola con la realidad, pero al leer el final , que no esperaba, devastador. me encantó

Jeannette

Qué horror y lo peor que no sólo es ficción. Enganché en seguir leyendo, me atrapó… pensé será su hijo…
¡sorpresa espantosa! Quiero entender que para ti, ideas fijas o testarudez no son sinónimos de convicciones, que fueron las que motivaron a muchos a continuar siendo torturados y a ellos a seguir por manual cómo hacerlo de forma más eficaz. Muy bueno quedé con escalofrios. Gracias

Mildred

Hola. Me encantó el relato. Me mantuvo en suspenso hasta el final. Creo que la cicatriz la llevaba el médico en el alma, por ello su sadismo con el joven torturado. Felicitaciones.

Jessica

Me gusto en general, pero esperaba un final más potente, creo que apresuró el final , el uso de vocabulario y descripciones me gusta,

Sonia Delgado Briones

Me dolió el alma, me llevó a recuerdos guardados en mi memoria, fuí testigo de esas pagadas de manda, algo que nunca pude comprender. El relato me impresionó, recién al final lo relacioné con un torturado, y me impactó, sentí ése dolor de guata que te angustia. Felicidades JC !!!! Y gracias por la oportunidad de leer buenas obras literarias. Un abrazo.

Viviana

El rostro severo del médico anticipa un desenlace sorpresivo, también la actitud del hijo cuando deja de llevarle agua. Se pueden unir ambos personajes:el médico en su afán de recuperar al detenido para seguir con la tortura y al hijo en ese momento en que ya el dolor de la madre le pasa de largo.
Ambos se amalgaman en el afán de obtener un fin. La madre penitente representa al detenido reacio a confesar lo que no sabe o lo que no quiere decir
Hubo un médico, hoy está detenido, que cumplió esa función en un pasado no muy remoto entre nosotros. Extrañamente este médico paternalista y dedicado me hizo recordar al que hoy purga su condena.
Es bueno hurgar por dentro, no vuelve más empaticos. Y hechos que parecen increíbles nos pasan la verdad por la cara desde la fantasía.

Ana Maria Rodriguez Livesey

Me gustó mucho! Me sorprendió el final! Jamas lo esperé. Muy bueno JC!
Y creo que si existen seres tan enfermos como describes al doctor!!
Felicitaciones!

Ruth Elgueta

Es un cuento muy interesante, de gran riqueza literaria, con una historia que además me deja perpleja. Uno quisiera que solo hubiera sucedido en el campo de la ficción. Me recuerda a un libro sobre un sacerdote, colaborador de los gobiernos militares en Argentina entre 1974 y 1983, que fue atrapado en Chile, que daba a los presos políticos y a sus familias la mayor tortura que se le puede infligir a una persona: Después de hacerlos recapacitar sobre sus ideales y sus acciones y de que se arrepintieran de ellos, en un proceso en el que se ganaba su amistad , se involucraba con sus familias y, de paso, los hacia delatar, a modo de confesión a sus amigos, el sacerdote les daba «esperanza» para que luego los fusilaran. En lo demás, debo decir que soy católica, que creo en Dios, que la Santísima Virgen es un gran ejemplo de mujer y que alguien que ama verdaderamente a Dios sabe que El busca nuestro bien y que no quiere nada que cause dolor al ser humano.

Lily

Un relato atrapante para un potente e inesperado final! Me remeció la frase «¿cuánto es capaz de aguantar un ser humano para…?». Me quedé pensando en mis propios límites… Gracias JotaCé!

Pilar

👏👏👏👏👏👏Me atrapó logre visualizar todo como si fuera una película y el final de infarto pensar que cuantas personas no han sufrido torturas y algunas han sobrevivido para contarlo y otras no resistieron. Que terrible puede ser el hombre el más despiadado y el más compasivo. Me gusto mucho JC felicitaciones 👏

Susana Buffelli

Me encantó el relato.No lo vi desde el punto de vista de la tortura de las dictaduras, solamente.
Hay torturas de todo tipo , psicológicas gran parte de ellas.Necesitamos encontrar en Dios o un ser superior para consolarnos. A veces no es así. En el caso del cuento se querían librar de un hombre, padre opresivo. Y…de algún lado sale. En este caso un médico con un agonizante. Me gustó mucho el tema y la forma de relatarlo. Tiene tensión. Final sorpresivo. Se generan sentimientos desde el comienzo. Es un tema que me preocupa en este mundo tan «científico». Lo religioso cada uno lo toma a su manera .Las creencias hay que analizarlas, pero aun no somos capaces de entender con nuestros dos milímetros de neuronas.Perdón por extenderme. Felicitaciones!!!

Patricio Cristi

Buen relato. Sobre todo que mantuvo el interés. El final, que abre el velo y pone delante el terrible momento de la tortura, es sorprendente.
Hay detalles que ayudan a crear un ambiente realista y tétrico muy logrado.
Sin embargo, faltó aclarar por qué dejó que su madre sufrirá de más.

Maritza Macías Mosquera

Guau! Me trasladé a tiempos conflictivos y dolorosos. Ojalá alguien haya tenido un rato de piedad con algun@ de aquell@s que fueron víctimas en esos tiempos demenciales.
Terrible relato, terrible situación.
La mente humana tiene espacio para para todo.
Conductas inhumanas y contradictorias ,mezcladas con recuerdos tristes.
De igual modo es un relato ágil, comprensible y vigente.

César Ramiro Salazar Becerril

Buen trabajo, ni Yo ni ningún familiar lo ha hecho, pero he visto en persona esas mandas y como su fe y agradecimiento los hace seguír, el texto es interesante y te atrapa desde el principio y te conduce por una dirección inesperada, un gran relato.

R.R.

Felicitaciones. Hay relatos en que el final obliga a leerlo de nuevo y en la segunda lectura todo comienza a calzar como un gran rompezabezas. Disfruté mucho la primera y la segunda y la tercera lectura…

Yoya

Me sacudió. Sobre todo porque recordé los campos de concentración, la guerra y sus prisioneros, los centros de tortura y entonces la sensación de náusea. Definitivamente no me es indiferente leerte. Me sorprendio pasar desde la bondad a lo horroroso de un acto humano. Muy bien logrado. Gracias por compartir.

Ivo Herrera Ávila

Hermoso final. Una curva argumentativa perfecta. Desde la descripción del lugar, lo ambiguo de la situación y el relato del doctor revelando su verdadera naturaleza. Y el sentido final de su relato: ceder. Sí, me desorienté un momento con el cambio de símbolos entre una narración y otra del mismo personaje. Pero después lo solté al empezar a intuir hacia donde avanzaba su relato, interesante y de un remate soberbio.

Se me abre un mundo por querer conocer a través de ese personaje. Sin juicios morales de por medio.
¡Muchas gracias!

Carlos Bottner

Muy bueno, Jotacé. Felicitaciones.

Cristián

Nací y crecí a pocos pasos de la Gruta de Lourdes en Agua Santa, Viña del Mar. Mi madre, una mujer maltratada física y psicológica mente por mi padre
El templo se convirtió en nuestro refugio. La esperanza de que un día mi padre cambiara o se largara…. Conozco esa dinámica
Me parece un cuento que deja muchas aristas inconclusas y sería maravilloso poder entender » el porqué» de……
Felicidades, logró captar mi atención y dejarme inquieto, no solo por los recuerdos,sino por un final que a veces es inesperado. Me encantó tu relato.

Cecilia salinas calderón

Final abierto, interesante.
El relato hace un paralelo con la historia de la madre de ideas fijas y testaruda.
Al principio me toco un poco mi sencibilidad, ya que capturaba muy bien un momento de gravedad y la vulnerabilidad del estado del paciente.
La cicatriz estaba en las piernas de la mujer, pero invisiblemente en la mente del doctor y en el paciente quizas en el alma, solo el lo sabe.
El doctor de narrador, paso a ser protagonista, el paciente al ser principal, paso a ser secundario y al final presumiblemente antagonista. Por sus ideas fijas y testarudo frente al criterio del doctor.

El doctor proyecto los defectos de su madre en el paciente, exteriorizando su propios dolores y cicatrices.

repitiendo el patrón de comportamiento de su infancia frente a la vulnerabilidad y dolor de un ser humano.

Doctor disociado en su cicatriz de infancía.

Cambiaste el prisma de la historia al final.

Buena historia, capto mi atención y te dejo mis comentarios.

Te genera cuestionamiento de roles de personajes.

ADRIANA

Es un buen relato que mantiene al lector hasta el final, pero, el final gran desilucion, el Medico todo lo que fuera misericordia o fe era una ridicules no tuvo ni misericordia de su madre, menos de un torturado solo un sicopata procede asi

Rafael Lancellotti

Rafael Lancellotti

Rafael Lancellotti

Buenisimo el relato, terrorifico el medico. Muy apegado a la realidad que nos toco vivir. Claramente practicas lo que predicas hablando de la curva de tension. Gracias por compartirlo

Pilar Riveros

Terrible. La idea del «bueno y el malo» en esas situaciones es práctica común, desgraciadamente, y en este relato queda plasmada una realidad despreciable, pero realidad al fin.

Cecilia

Dramática la escena, el médico un ser frío despiadado marcado por una madre devota con cierta indiferencia hacia el hijo por lo que se percibe. El final impredecible, terrible, macabro, esencialmente porque ha de ser real. Me gustan estas historias sin tiempo ni lugar determinado. La prosa me encantó, como se va transformando el relato hasta su resolución. Excelente, logra atrapar al lector. Excelente Jotacé. Bueno no soy experta, estoy aprendiendo. Gracias por la invitación a leer y opinar.

Erika Straube

Pienso que la historia es como una lucha entre el bien y el mal. Creencias religiosas en cuanto a la Manda que hace la madre del Dr. a la Virgen para que su esposo no regrese a darles malos tratos. Por otro lado el herido al comienzo no se sabe en que circunstancias se hirió, si es balazo o no, se aprecia una persona herida con mucho dolor y susto. El Dr. lo trata con cariño aunque sea una mala persona que realmente no se dice claramente en la historia y le cuenta su historia que le sucedió con la Manda que hizo su madre. como para explicar al herido que tenga Fe en algo que lo podría sanar, aunque quedara con cicatrices.
La madre le trata de enseñar al Dr. desde pequeño que lo que se promete se debe cumplir cueste lo que cueste y que él también mantuviera su Fe aunque al parecer encontraba cruel la manda al ver a su madre herida y que en un momento dejó de ayudarla para ver hasta dónde resistía.
Finalmente uno descubre que el herido era una persona que estaba detenido y herido por algo malo que hizo y que los detectives debían interrogarlo.

Josefina Da Costa

Un tema perturbador para mí tomando en cuenta las torturas en Venezuela en los últimos años.
Una excelente narración, la viví en carne propia, sobre todo el vía crucis de la madre.
Considero hay cierta inverosimilitud, que un niño de cinco años sea tan maquinador ante las acciones de su madre; pudiera tener más edad. Sin embargo ya en él estaría la simiente del médico sociópata, deshumanizado.
La «idea fija» como elemento de enlace entre ambos relatos, entre las torturas; la madre paga una promesa para liberarse del marido torturador, torturándose ella misma, pudiéramos considerarla como fanatismo religioso, diferente a las acciones del joven, quien lucha por unos ideales; gracias a esas luchas la humanidad ha alcanzado ciertas libertades, igualdades,etc., caso de la independencias de nuestros países, por ejemplo.
Si vamos a los símbolos, acordes con la conmemoración de Semana Santa, el médico, cual padre amoroso, un Judas; entrega al joven, un Jesús.
El relato completo es un vía crucis.
Mantiene la tensión de principio a fin, cada palabra en su sitio.
Felicitaciones Jotacé.

Ana María Munster Gripe

J.C. Recién hoy he leído tu cuento. He quedado muy impresionada. Por tener recuerdos de los famosos «pagos de mandas», que los considero muy absurdos (que me disculpen los lectores creyentes) y porque soy una persona que trabaje 41 años de mi vida con médicos, a los cuales siempre admiré porque mi sueño era estudiar Medicina. Eso fue hasta hace 6 años en que una doctora por mala praxis y habandono de paciente mató a mi hija. Desde ese día cuestiono la labor y el Juramento Hipocratico de los Médicos. Hay muy buenos profesionales (he conocido a muchos) y otros inescrupulosos que lo único que quieren es ganar dinero.
Pero bueno, era un comentario muy personal.
Me pareció excelente el cuento. El comienzo es intrigante, curioso, lo leí rápidamente, ansiosamente, con el desenlace sentí, pena, rabia e impotencia, porque cuando leo me transporto a las escenas descritas y es como estar viendo una película (hasta en colores).
Y un cuento así que te produce todas esas sensaciones, es muy bueno.
!Felicitaciones J.C.!. Soy tu gran admiradora. Ojalá logre yo escribir algo tan bueno.
Un abrazo.

Jorge leal

Bueno ese mensaje está claro, lo que no entendí fue lo del generador

Quena

Muy bueno el cuento, mantiene la tensión hasta el final. Se siente muy creíble. Es directo y cautivador. El final es sorprendente, aunque lo veía venir porque conozco de cerca casos similares.

Selvya

Terrible es como ir al recuerdo de los torturadores y desaparecidos (padre).bueno el relato no esperaba ese final
..desgarrador.

María Teresa Acuña

Pobres personajes, el torturado porque era tan testarudo como la madre del torturador y éste disfrutaba con la posibilidad de provocar dolor, lo descubrió con su propia progenitora, tal vez repitiendo la imagen del padre violento. Pienso que el torturado no hablará y se quedará con sus propias cicatrices.
Su relato es como un vaso de agua al lector, que se queda respirando la amargura tortura del final…

María Teresa Acuña

amarga tortura del final.

Gustavo yomayusa

muy interesante y descriptivo relato.

Sergio serrano

Si me gusta toda clase de literatura

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