La esfinge, por Jotacé Sánchez

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Cándido se paseaba nervioso por el living de su pequeño departamento. Sentía el palpitar obstinado de su ojo izquierdo, como un recordatorio de su debilidad y de que no era más que un pobre diablo. Aun así, iba a pedirle a quemarropa que se desnudara. No. No iba a pedírselo, se lo exigiría. Para eso iba a gastar los doscientos dólares de su mísero finiquito, lo que era más que suficiente para hacer valer sus derechos frente a una prostituta. Como lo hacía su padre. Se dirigió a la cocina y bebió un vaso de agua. Respiró profundamente, con los ojos cerrados… quizás así el palpitar del ojo se detendría y le permitiría pensar con tranquilidad… quizás debería partir ofreciéndole un trago, para romper el hielo, hablarle de algo, preguntarle el nombre y después pedirle que se desnudara. Ahí, ahí mismo en el sillón… pero no, mejor sin tragos ni nada porque sesenta minutos pasaban volando y había que aprovechar el tiempo así que la empujaría sobre el sillón, la desnudaría y se montaría encima para exigirle que cumpliera su labor, porque él era un hombre, un macho y no un pobre diablo, como le decía su padre, no ese recién despedido que le devolvía miradas grises desde el reflejo de la ventana. Así tenía que ser, tenía los doscientos dólares en su mano y eso era todo, un macho, un hombre, intentaba convencerse Cándido Esperanzano, sudoroso y trémulo, quieto como un poste en medio del living de su departamento… cuando sonó el timbre.

ꟷSoy Marina. El tiempo empieza a correr desde ahora.

La prostituta entró. Recorrió el pequeño departamento inspeccionando, observándolo todo, como si estuviera calculando distancias. En su deambular apretujado por el pantalón de tela, dejó escapar un hálito a perfume corriente y chicle de frutas. No dijo nada, solo caminó de un lado a otro meneando las caderas, expeliendo aquel aroma con el vaivén acompasado de un desodorante que cuelga en el espejo retrovisor. Miró hacia la ventana, luego, hacia el living, el pasillo que iba al dormitorio, la cocina americana, pero no lo miró a él. Cándido no sabía exactamente qué pensar, porque la seguridad con que se movía le resultaba… cómo decirlo, cómo expresar aquella sensación que hacía que el fajo de billetes se le escurriera entre los dedos: amenazadora… violenta… ¿Acaso ella lo sabía? ¿Había adivinado, acaso, que era un profesor mediocre? ¿Sabría también que acababan de despedirlo, entre gritos, en la sala de profesores, por haber llegado tarde, por no conocer sus materias, por no ser capaz de mantener el orden en la sala de clases? Marina olfateó algunos vasos sucios.

  ꟷ¿Y? ꟷle preguntó por fin, mientras se quitaba la chaqueta para dejar al descubierto un peto ínfimo, un peto que apenas alcanzaba a disimular la areola del pezónꟷ. ¿Dónde va a ser la cosa?

Cándido, medio confuso por la frialdad entomológica de su voz respondió que ahí… en el living… que ahí le gustaría que…

ꟷBueno, ¡hagámoslo de una vez! ꟷinterrumpió Marina encogiéndose de hombros y luego se dejó caer en uno de los sillones.

El zarandeo de sus pechos amenazó con vencer la precaria contención del peto y Cándido, con un asomo de entusiasmo ante el bamboleo cubierto de brillantina, se dispuso a terminar la frase. Pero otra vez el palpitar del ojo. Otra vez la mirada gris desde el vidrio de la ventana. Que ahí en el sillón le gustaría que… Y no pudo continuar. Una especie de vacío se le arremolinó en la garganta. Como una sequedad. ¿Por qué? ¿Por qué no se abalanzaba simplemente sobre ella? ¡Por qué no tomaba entre sus manos aquellos senos grandes y redondos que le correspondían por sesenta minutos a cambio de su finiquito? ¿No era eso ser una persona segura de sí misma? Sin embargo, esa mirada, esos ojos feroces de Marina, ese desprecio. Ahí, arrellanada en el sillón, con las piernas cruzadas, impávida como una esfinge, parecía querer atormentarlo. Debía hacer algo, llevaba mucho tiempo en silencio, debía ofrecerle un trago para terminar con esa inmovilidad y le preguntó en voz muy baja si le servía una piscola. Ella respondió que le gustaba sin hielo y que quería hacerle una pregunta cuando volviera. Sí, una pregunta. ¿Era eso acaso lo que él necesitaba? Caminó hacia la cocina y pensó en Edipo, en el héroe, en la ciudad de Tebas sitiada, atormentada por la monstruosa esfinge… ¿era él un Edipo? ¿Iba a ser capaz de responder el acertijo mortal que tantas víctimas había cobrado en las puertas de Tebas? ¿Con cuántas víctimas cargaba Marina en su espalda? Pero ¡qué diablos!, tenía los doscientos dólares, con eso bastaba y sobraba. No tenía por qué someterse a la pregunta de una prostituta, a una trampa mortal, a una cuestión de vida o muerte, como el trágico Edipo… pero qué bien olía, pensaba mientras servía el pisco en los vasos de vidrio. Le llegaba desde el living un aroma a bálsamo o shampoo, algo así como un vaho de fresas. La veía de espalda, su cabello enmarañado, parecía una bestia y él, un cordero, un pobre diablo, un cliente incapaz de reclamar su derecho por temor a responderse, ¿qué le iba a preguntar? ¿Acaso podría preguntarle por qué estaba solo, una noche de sábado? ¿Acaso podría preguntarle por qué lo habían despedido? ¿Por qué no había durado ni siquiera un mes en la nueva escuela en que había logrado emplearse? ¿Por qué no podía hacer sentir orgulloso una sola vez siquiera a su padre? ¿Cuántos porqués podría pronunciar una prostituta? ¿Cuántos acertijos mortales? ¿Uno?, ¿dos?, ¿tres?, ¿cuatro?, ¿cinco?… Y si respondía correctamente y se le abrían las puertas de la ciudad Marina, esa avenida hacia su entrepierna y sus caricias, ¿con qué se iba a encontrar?, ¿con el horror…? Seguramente con el horror de haber decepcionado una vez más a su padre… otra vez, otra vez echado a patadas por mediocre, por no valer un centavo. ¿Cuánto tiempo faltaba para que tuviera que sacarse los ojos y deambular por el desierto? Y tomó la cubetera de hielo, la golpeó contra el canto del mueble de cocina, lanzó los cubos en cada uno de los vasos y caminó hacia Marina, con el ojo palpitante le entregó la piscola y el fajo de billetes, le pidió que no se demorara y le indicó la puerta. Antes de salir, Marina le dio un beso en la mejilla. En la habitación quedó su aroma a chicle de frutas.

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Felipe Ángel Montemayor López

Creo que se insiste mucho en lo pobre diablo que es, como persona y profesional. Gracias por permitirme participar.

Nicola´s Oropeza

No se´ si eso podri´a considerarse redundante (se nota m´as por estar en l´ineas separadas, he intentado variar el lenguaje en ciertos textos y de pronto se sienten artificiales, al final el lenguaje permite plasticidad subjetiva); a veces -no academicamente- pongo frases o palabras repetitivas (ejemplo: «me parecce rocoso, rocoso en exceso…) y aunque no es una t´ecnica que recomendar´ia, la elipsis si´ es un buen recurso econ´omico. Disculpen las tildes pero este dispositivo no permite el teclado LATAM

Diana Carolina Mantilla

Me parece un relato muy expresivo, realmente siento q el narrador nos hace sentir los pensamientos de cándido, siento su gran temor, denoto traumas infantiles, frustración q le impiden su realización personal y profesional, este temor lo tiene preso en si mismo

Diana Carolina Mantilla

Gracias estaré atenta para una próxima

Glenn Inostroza

esto es simplemente sublime

Celina Arce

Buenos días. Me gustó. Me hubiera gustado más un final trunco que me obligara a dar rienda suelta a ni imaginación… pero a mi me encanta imaginarme otros finales. Saludos desde mi 🇺🇾

Luis Alfredo Arroyo Osorio.

Excelente relato, al leerlo nos intrucimos tanto en él, que pareciera ver la cara de desesperación de Candido, mientras la dama en cuestión hacía lo propio de su oficio. Por esa razón aquel hombre no sabía que hacer ante tal frialdad.
Al terminar el relato creí percibir el olor a chicle de frutas…..

Last edited 18 días atrás by Luis Alfredo Arroyo Osorio.
Nancy

¿lo propio de su oficio? ¿sentarse de piernas cruzadas mientras dice que va a hacer una pregunta? Perdonen, No me parecen reales los protagonistas.

Claudia Moscoso

Hola, me encanta el relato porque crea y deja una intriga en el lector además de la forma en que se escribe es muy limpia por decirlo de alguna manera me gustó es corto y genial

Gineth

En mi opinión, aunque el relato es muy personal, es repetitivo, interesante porque así actúan las inseguridades me gusta porque la prostituta representa quizá el bajo autoestima de Cándido, el querer poder dominar una parte de su vida deja abierta una expectativa. Muy interesante Gracias 😃

Gineth

Hola, no me parece malo que sea repetitivo por eso aclaro que es interesante ya que así actúan las inseguridades es una constante. Gracias

Úrsula

Me gustó mucho.

DEISSI ANTIHUENO

Me gusto, es un relato que te mantiene despierto, motivado por seguir leyendo y hasta me saco unas risas porque me imaginaba la situación, no me gustaron las comparaciones con Edipo, ya que creo que no era necesario porque además si no conoces la historia te confunde y te saca del centro de la historia, creo que la historia ya era buena por si misma y esa parte no me gusto mucho.

Cristian Harris

Creo que es muy bueno poner a Edipo, porque el que no conoce la historia tendrá que investigarla y eso enriquece el escrito.
Una vez en un cuento puse una frase en inglés y entre paréntesis la traducción…Un escritor de renombre me corrigió y me dijo :»no la traduzcas, porque la gracia está en el significado y el lector que no entienda, deberá buscarlo»

María Inés Carvajal

El personaje es 1 pobre tipo que no alcanza a dar lástima

Mario Encalada Castro

No me cautivó mucho. Pero si me gusta la fantasía y creación del personaje.

Yanet

Me encantó. Logras meternos profundamente en el personaje, que siento todas sus frustraciones, GENIAL.

Diana de Romero

Muy interesante este relato desde la pluma de un hombre… Con seguridad son muchos los que experimentan esas inseguridades y ausencia de autoestima. El beso en la mejilla bien vale el dinero!
👍👍

Nancy

Ahora que leo esto me siento arrepentida de haber sido tan contundente. Te expusiste mucho Jotace. Por si le sirve a alguien, si quieren tener buen sexo, no lo paguen. Y tampoco esperen tenerlo de una prostituta. Estamos en 2024. ¿No ven que la situacion p’lanteada parece de 1980? Denuevo. disculpas.

Raúl M.R.

hola… muy buen relato… está redondito… me habría gustado un poco más de desarrollo en el final… más acción … aun así esta muy bueno…. saludos

Divina cruz

Excelente relato nos lleva al. Mundo de la.imaginacion como una protección.

Francisco Ramiro López Feria

Muy buen cuento, el personaje llega a dar lástima y te hace sentir su frustración. Gracias por permitirme leerlo.

Blanca Hernandez Camelo

El relato me atrapó desde el inicio,me encantó la descripción,y la claridad como se siente el protagonista con el peso de sus traumas,por cargas y costumbres generacionales y culturales que lo atrapan,no le permiten ser el,y acude por costumbre a llevar equivocadamente sus frustraciones a Mujeres que venden el sexo,creyendo encontrar la solución a sus interrogantes y traumas.El final del pobre díablo aún lo estoy pensando.

Pedro Venegas

El final es abrupto y confuso. Creo que falta desarrollo en el texto «le pidió que no se demorara y cerró la puerta»

Jazmín Gonzalez

Me gusta como es capaz de expresar su sentir, es muy explícito.

Nony

En estos relatos , intuyo los finales, entonces me falta el remate

Nicolás Oropeza

Me gusta la narrativa que a pesar de ser un relato corto y necesitar de la tensión rápidamente, ahonda en el personaje, lo que es un poco más hacia la novela.

Jorge Rojas Fuentes

Me gustó el relato, es dinámico, atrapa. El final me pareció un tanto abrupto, aunque es coherente con la baja autoestima de Cándido. Lo otro, un detalle. Si le pagaron el finiquito en dólares, me imagino no es en Chile, entonces, la piscola estaría fuera de contexto.

María Teresa Delgado 🇨🇴

¿Será que Cándido tiene en su bar trago de su país de origen? 😃

Jorge Rojas Fuentes

Puede ser una posibilidad, y si lo es, entonces Cándido es chileno, un chileno cándido.

María Teresa Delgado 🇨🇴

😄🤣

leopoldo Sánchez

El protagonista refleja sus traumas probablemente desde la niñez con un padre que lo trataba mal.El final del cuento,qiizas podría haberse extendido algo más.

RAFAEL ALBÁN

Al final..
No hizo nada… falto mas seducción una pizca de erotismo… morbo… es un tipo muy puritano.. esos son mas sórdidos.

Freddy

Me gustó saber lo que piensa y siente el personaje principal porque nos enseña su forma de percibir la vida pero siento que el final debió ser un poco más lento.

Manuel

Para mí, un cuento perfecto, donde los tres personajes (profesor, padre, prostituta), son descubiertos por el lector a medida que se desarrolla la trama. No le quedaba otro final, aunque no lo descubrí desde el comienzo.

homar

es increible senti la historia y la desesperacion su mente era quien tenia a trapado su cuerpo el joven tiene una aute estima muy baja de la media

GUADALUPE

BUENRELATO . DEJA COSAS A LA IMAGINACION

Ramón Brito

Muy buen relato muchas sicología del personaje en sus temores creo que demasiada pero aceptable lo mantiene a uno sumido en el mismo. Me gustó

Anu

Muy actual, las
heridas de la infancia nos crean el carácter y la personalidad y claramente es un hombre necesitado de validación.

Pablo

SU PISCOLA ERA SIN HIELO. Y EL PUSO HIELO EN LOS DOS VASOS . Es una narrativa veloz muy ágil. Buena

Vi toria

Deja demasiadas incógnitas, solo me queda claro que era un profesor mediocre

Leidi Brito

Me gustó mucho la historia, sobre todo la forma en que pensaba el protagonista y sus conflictos, creo que el final fue muy rápido, en comparación a los detalles que se iban dando… En general me gustó

Margarita

JC, me encanto el nivel de detalle que prepara muy bien la escenografía a nivel mental del lector, sin embargo creo que es demasiada su verborrea cognitiva pesimista y de pobrecito, independiente que claramente en las primeras lineas que describes ya se denota a firme que tiene problemas, por ende puede provocar cansancio aunque es un relato corto, no impacta en la medida que en el inicio promete…..

SERGIO CALLE

Me encantó la trama. El final me sorprendió. Yo pensé en un final trágico

Teresa

Me parece un relato muy interesante. Me apena el personaje, demasiado infantil, para ser un profesional , muy dependiente del padre. Poco real

Óscar Salas Gómez

Cabría un poco de economía narrativa para acelerar el momento, precipitar la timidez-novatez de Cándido. Cabría actualización: cobertura de licra en lugar de ‘pantalón de tela’. Revisar unas posibles redundancias: las aureolas corresponden únicamente a los pezones. En la calentura de la narración glorificar aureolas y pezones. Para reafirmar la derrota claudicante: RETIRARSE en lugar de ‘salir’. El retrato ´pobre-diablo’ de Cándido funciona.

Patricia

Gracias JC por compartir generosamente tu obra.
Los personajes y la atmosfera de la escena están tan bien delineados que hasta se podrían dibujar. La alusión a la historia de Edipo me pareció forzada. El final nos deja las dudas necesarias para convertirlo en un cuento recordable.
Saludos

Antonio

Un cuento, vacío donde ambos están en pos de cubrir la falta. Uno, en tratar de hallar respuestas a preguntas que aún no son expresas, y si; en su imaginación….lo cual le angustia. Aquella, segura de su cuerpo en venta, da cuenta que no podrá comprar más tiempo…que significate! Al señalar la puerta, por donde saldrá y no tocará jamás.
Saludos cordiales

Melissa Limón

Me gustó mucho el personaje y su fragilidad lastimera y solitaria, perfecta para un análisis literario. Me gustaría compartirlo con mis alumnos si me lo permite. Doy clases de narrativa y busco presentar a autores que usan redes sociales, que se mueven en esta realidad compartida y simultánea, que comparten sus cuentos en páginas web. Romper con la idea del escritor metido en su buhardilla sufriendo por la escritura, sino lo contrario, autores que buscan, que expresan, que se acomodan a los nuevos canales de comunicación, que se adaptan y crean para seguir explorando los temas universales una y otra vez pero desde diferentes tiempos, palabras y conductas.

Federico

Muy buenos días, me parece que es un relato algo trunco, porque solo hace énfasis en el punto de vista del cliente y no de la prostituta, por otro lado, es lógico que una prostituta barata, no va a atender en un departamento, sino en un motel de paso, pero el esfuerzo es bueno

Christian

Está bien,si me gusta,solo que yo no aria mención de edipo ,pues a mí me atrapaste como lector con la intención de leerte, no por la esfinge ,pero felicidades,eres bueno..

Selma

Creo que transmite muy bien la emocionalidad de Cándido, sus inseguridades y creencias limitantes arrastradas desde la infancia y sembradas por su padre. El congelamiento y rendición frente a ese enorme desafío se veía venir. Refleja cómo estas creencias limitan la acción en distintas áreas de la vida.

ALBA LEONOR CHAUX CARDOSO

Me gustó, me gustó bastante. Atrapa desde el inicio. Pienso que en el final los cubos de hielo se deben tirar es al lavaplatos, para que luego él le entregue el dinero y le pida que se marche.

Marta Ibaceta

Habría apreciado que fuera menos obvio la falta de autoestima del protagonista. Más metafórico o q los lectores lo adivinemos.

Sandra

Buen dia , gracias por permitirme participar con mi humilde opinión.La lectura me engancho , pude notar la frustracción y la amargura que tenia este hombre, afanado e inquieto en su ser por intentar demostrar algo que tal vez solo a él le importaba o que solo estaba en su mente atormentada por los malos tratos de su padre. Seria bueno un final donde logre superar todos sus traumas pero esta muy bueno.

María Elsa Olaya H

Bueno me gustó la curva de tensión por la inseguridad del protagonista. La expectativa el desenlace quedé sin saber si lo logró

Blanca Hernandez Camelo

Tienes un sentido narrativo,atrayente,envolvedor.

César Morales

Buen día,

Ella respondió que le gustaba sin hielo y que quería hacerle una pregunta cuando volviera. Sí, una pregunta. ¿Era eso acaso lo que él necesitaba?

¿cuál fue la pregunta?… ¡ya lo leí una, dos, tres veces y no la encuentro!

Carlos Wilson Rodríguez

Muy bueno , graciass por compartir

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