La maquinita: una alegoría sexo-política, por Jotacé Sánchez

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Me dice que tenga cuidado, que no me mueva tanto, ricura de clase media, que no haga ruido porque hay alguien debajo de la cama. Que con tanto jaleo el somier se nos pone a rechinar y que a él le entra una preocupación, un susto de esos que contraen las glándulas, dice, de esos que atrofian la erección, así que lo mejor es moverse despacio, uno primero y después el otro. Nada de mis brusquedades de lombriz en el anzuelo. Nada de culebreos. Que debemos evitar los sacudimientos del colchón porque, dice, hay alguien debajo de la cama y nos conviene que se quede dónde está. Que actuemos como gente de bien, cosita. Que pongamos las cosas en orden, que arreglemos las sábanas, que sigamos los conductos regulares: que lo deje hacer a él que es el que sabe manejar el aparato, qué él pertenece a otra clase, me explica, que él es un hombre de bien  por lo que debo mantenerme quieto como una piedra, inmóvil como un trapo.

Cada uno debe ocupar el lugar que le corresponde.

−Así que hágase para acá −me dice−, venga, acérquese que voy a encender otra vez la maquinita. Mi pichoncito de clase media. ¡Ejalé! Mira como salta de contento ese culito cuando le acerco el aparato. Si hasta parece que tuviera vida propia, que se pone a aplaudir celebrando y ¡cómo no iba a celebrar si él sabe, él sabe de estas cosas! Es un culito inteligente. ¿No crees tú que lo hicieron a propósito? ¿Que lo hicieron con saña para desconcertarme, con mala intención para volverme loco?

Eso me dice. Y yo volteo la cabeza, despacio para no hacer rechinar el somier, lento para no impacientarlo y lo veo, un cuerpo grande, unas nalgas fláccidas, un pene pequeño que se esconde, exhausto, entre los pliegues de su carne y entre algunos lunares y pelos mal esparcidos. Me pregunto por qué estoy aquí… me pregunto si habrá algún otro lugar adónde ir. Pero tengo miedo. Hay alguien debajo de la cama. Alguien desconocido, alguien terrible. Así que le sonrío para disimular mi mueca de asco e intento tomar la maquinita. Pero él no me lo permite. Me dice que lo oiga, que no la ponga esta cara, que aunque haya aprendido a hacer saltar los cachetes no tengo derecho, que no me corresponde a mí manipular el aparato… ¡Un, dos, tres, momia es! Y me suspira un “vamos”, rozándome el lóbulo de la oreja, que yo sé que en definitiva todo esto lo hace por mí, para que me pase un buen rato, sabrosura, me dice, y para que me lleve a lo menos un reventón entre las piernas. Un bombazo.

−Ya, no me ponga esa carita y dese vuelta −me dice.

Que va a empezar de nuevo y mientras aplica el traca-traca del aparato siento su lengua por aquí… por allá…  por abajo…

−Voy a chuparte esto −me dice−. ¡Slurp! ¡slurp! ¡slurp! (traca-traca) ¿Te gusta? ¿Te gusta  que te haga así (slurp/traca-traca)? ¿Cómo….? ¿Cómo dices? ¿Que te hace cosquillas? ¿Que te da risa? ¿Que lo haga más despacio? ¡Cómo es la huevada! −me grita−. ¿Qué te dije? ¿Qué te acabo de decir? Eso es lo que tienen ustedes, que no se conforman con nada. Quédate tal como estás y no hables tanto que me desconcentras. No te quejes, por la chucha, que te estoy haciendo un favor .¿Cómo puede ser que con esto (slurp), que con esto que te hago (slurp, slurp), no se te contraiga el ano, no se te erecten los pezones, no se te acalambre (traca-traca-traca-traca) el dedo chico del pie? ¡A la cresta! −me dice dejando de chupar−. Yo tengo vocación de servicio, yo sé cuáles son los problemas de la gente.

Le digo que nos pongamos de acuerdo, que transemos, que hagamos un trato. Que suavice el traca-traca y que intente abarcar todo el contorno con la lengua. Que vierta mucha saliva.

−¿Te gusta con harta saliva? −pregunta con incredulidad−. ¡Chucha madre! ¿Esas son tus demandas? ¿Eso es lo que quieres? No te muevas.  ¡Ya te dije que hay que andarse con cuidado! Pero está bien −accede por fin−, podemos llegar a un acuerdo, pero te me quedas como un zapato, como un tizón apagado, ¿me oíste? Yo te voy a pasar la lengüita con más suavidad, suavecito, suavecito y por el contorno, pero eso de la saliva ¡no! Con saliva por ningún motivo. Slurp. Slurp. Eso es asqueroso. Slurp. La saliva es una ordinariez, una señal de incultura, un salvajismo y tú no eres precisamente lumpen, ¿no es cierto? Aunque algo de eso tienes, no eres exactamente un hampón. Dejemos esos calificativos para el que está debajo de la cama.

Que así da gusto, me dice con la boca llena, que cada uno debe ocupar el lugar que le corresponde para que se venga el estallido traca-traca-traca, y se limpia el exceso de saliva, y me dice que siempre es mejor cuando el colchón no se mueve, cuando la maquinita está encendida, y yo le pido que se calle un momento, que no me puedo concentrar… Traca-traca. Y yo siento el Sluuuuuurp desde allá abajo, y me quedo quietecito como un gancho, tranquilito como un abrigo en el perchero y lo dejo hacer porque no quiero que se vaya, porque tengo miedo del que está debajo de la cama, porque prefiero esto a enfrentarme al monstruo, me aterra imaginar la cara de un desconocido. Y él sube la potencia del traca porque así le gusta, y yo ya no lo escucho aunque me muerda el lóbulo de la oreja, algo dice acerca de su promesa de hacerme acabar mientras el traca-traca-traca se escucha como un eco lejano. Esto está rico, dice, muy mucho muy muy y yo me rindo y le digo que haga lo que quiera, pero que me deje tranquilo como un costal de harina, como un zapato, como una lombriz muerta en el anzuelo porque ya está. Es cierto: ninguno de los dos quiere despertar al que está debajo de la cama. ¿Para qué hacerlo? Sé que no tendré un bombazo en la entrepierna, pero no me importa. Por el momento me basta con que las cosas se queden como están. Que él siga teniendo el control, que nada cambie… Tengo que volver a trabajar mañana.

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Miguel Faúndez

Este relato es mucho mejor del que leí antes. Tiene ritmo, complicidad, un cierto encanto de sábado por la noche.
Pero aún hay represión en la escritura. Hay que tratar de salvar la planicie del escrito llano o plano.

Diego Sabatini

Me gustó ese personaje debajo de la cama que nunca se sabe si de verdad existe o en verdad no, y que si existiese lo está escuchando todo o tal vez no escucha nada porque puede que esté sin vida, pero tratan de hacerlo sin meter mucho ruido, así como la cama que está a punto de caerse 😄😄😄

Esther

Ërotico no es, es sexual, y con ritmo sexual, pero me gusto mucho ese temor de despertar al que duerme bajo la cama, y que si despierta puede mandar a la mierda a ese amante bruto , parlanchín y que da asquete.
Ese habitante debajo de la cama da para imaginar.

Livio Montiel

No me siento en condición de comentar el estilo de la escritura. Si me reflejó claramente la intención de la tensión entre las clases sociales y la clara intencionalidad de resaltar la pasividad (pasomosa) de la clase media. No me dió erótico. Si me resultó divertido.

Jorgelis

Estuve en completa tensión leyendo este cuento, reí en demasía, directo y sin adornos. Excelente.

lesbia guillen

me encanto este relato, ese debajo de la cama es quien podría decir del abuso de poder de un jefe hacia esa amante que trata de una manera despectiva, pero usándola para satisfacer su necesidad sexual quien finalmente carece de autoestima para mi ya que es mayor que ella y no lo hace por placer sino por otro motivo creo, esta narrativa sucede mucho entre un ministro, un senador o alguien con todo un poder político. esta buenísimo

Yani a.Paulsen

Es un relato muy interesante de violencia cotidiana y marginal. Me parece ver que son dos hombres en una intimidad prohibida aunque las imagenes que se instalan no son nitidas. Me gusta la fuerza expresiva y el estilo, pero quisiera que el narrador me muestre más acerca de su motivación de su por qué no puede escapar de la situación que vive, de dejar como las cosas están.

lucas

un transfondo potente. me gusto mucho. felictaciones JC

Me enconató este relato, como que iene un aire de pasión entre la pareja, y ese realto inquitante para la lectura sexual, mm si bantante llamativo la lectura, saludos profe Sánchez

Susana Buffelli

Me gustó el tema, tiene sabor, lo leí sin detenerme hasta el final, mucha intervención de los sentidos, y el personaje o animal( se me ocurrió un perrito) de bajo de la cama, muy creativo.
Lindo,lindo.😂🎉👍

MIGUEL ÁNGEL ROA GARCÉS

Es un relato directo, algo grotesco, que es estimulante, sin erotismo sutil, muy ágil y en constante misterio; que mantiene la atención hasta el final. Un final muy bueno, no evidente, y que deja a la imaginación del lector el trabajo de dilucidar.

JOSÉ GUADALUPE

Queda el suspenso… ¿Quién es la persona pasiva, qué hace, por qué es tan manipulable?

¿Y el personaje debajo de la cama?
Y la activa… sólo muestra a alguien que cree tener el control de todo sobre la tierra. Sí, que cree, porque tiene su punto flaco: la sociedad, su familia quizá, por aquello de «ser hombre de bien».
El complejo de superioridad es claro.
Decía Facundo Cabral: «Dos puntas tiene el diablo, un hombre que pisa a otro y el que se deja pisar». Parece que así será por los siglos de los siglos.

Saludos cordiales.

scarlet

Me encanto, Felicitaciones.

MIGUEL ANGEL RODRIGUEZ GUIZAR

En mi percepción es una relación de hombres y la figura bajo la cama la desesperanza inquietante y constante de ser descubiertos y ser expuestos. Políticamente, que «nada cambie» estar en el silencio sin que la verdad se asome, es constreñir el estado de conciencia y seguir siendo manipulados por el rumor y el chisme. Buena narrativa y buen ejercicio lo de poder comentar.

Federico

Hola, muy buenos días o cuando lean mi comentario: Me parece que es un encuentro sexual entre alguien de la clase media y alguien de clase baja. Sin embargo me parece que muchas de las personas de la clase media también tienen fetichismo poderosos, un dildo mecánico no se produce en masa para la clase baja, sino para alguien que lo pueda comprar. Sobre el lugar, puede ser un hotel de mediana calidad o el departamento/casa de la persona de la clase media. Evidentemente no se encuentran en una relación formal, sino solo casual. Eso es lo que alcancé a entender, evidentemente puedo estar errado.

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