La nota, por Jotacé Sánchez

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Estaban en la cama. Ella le preguntó si el niño no iría a abrir la puerta y él le respondió que no, que ya estaba dormido. No tenía de qué preocuparse. Además, había puesto el pestillo. Si su hijo quisiera entrar al dormitorio, tendría que golpear primero. No había razón para sentirse incómoda.

Pero ella estaba incómoda.

Rubén la besó en el cuello y se volvió a acomodar en la almohada. Luego la abrazó, metió sus manos bajo el pijama y disfrutó sentir su piel tan suave. Se acurrucó a su lado, le olió el cabello, volvió a besarla. Beatriz, en cambio, lo alejó suavemente. Te comería entero ahora mismo, le dijo, pero estoy agotada, tu hijo me cansó. Lo dijo con una mueca de fastidio que él prefirió obviar, porque quería seguir besándola. Porque estaba muy cómodo. Era la primera vez que Beatriz accedía a quedarse a dormir en su departamento la semana que le correspondía vivir con su hijo y eso lo hacía sentir bien. Era una señal de que estaban dando un paso más.

Volvió a acariciar la espalda de Beatriz y se dejó llevar por esa sensación tan agradable al sentir su piel, recorrió su cuello, sus nalgas, sus piernas, estirando y estirando el brazo dentro del pantalón de su pijama. Le dio las gracias por haber preparado ese pastel y por haberlo cocinado con Jorgito. Le dijo que lo había pasado muy bien, que le había parecido tierno. Ella sonrío, le dijo que aún estaba molesta por el descuido de Jorgito, que no podía entender cómo le había derramado aceite en su pantalón favorito.  Luego lo besó. Él replicó que el niño solo tenía cuatro años, pero ella continuó besándolo, se apretó contra su cuerpo y él reaccionó de inmediato. Se reavivó su erección. Acarició sus nalgas bajo el pijama y friccionó su pene contra su pelvis. Estaba contento. Estaba caliente.

Se quitó de forma intempestiva el pantalón de su propio pijama para dejar su erección en evidencia, al descubierto. Bea se volteó. Rubén sabía que a ella le gustaba que posara su pene erecto entre sus nalgas, que la abrazara así en la cama, que pulsara bien fuerte y que acariciara sus senos, que la besara en el cuello. Y fue ahí que ella exhaló el primer suspiro de placer, se retorció entre sus brazos como un pez, como un colibrí. Él le susurró al oído que quería sentirla desnuda y se incorporó para ayudarla a quitarse la parte de arriba de su pijama. Ella accedió con un gesto de preocupación. ¿Estaba seguro de haber puesto el pestillo en la puerta? No quería que el malcriado de Jorgito la incomodara de nuevo, ella no estaba acostumbrada a esas cosas. Sí, estaba seguro, respondió él mientras contemplaba obnubilado sus dos senos pequeños y bien formados, que se derramaron sobre su torso cuando ella volvió a tenderse de espaldas sobre el colchón.

Rubén se desnudó antes de posarse sobre ella, con delicadeza. Le hubiera gustado envolverla por completo, ser envuelto, fundirse con ella, y lentamente descendió para detenerse en sus senos. Cuánto le gustaban. Podía asirlos por completo con cada una de sus manos. Los acarició y acercó sus labios para besarlos, acercó su lengua para lamerlos, para rondar la areola de sus pezones redondos y rosados, para adivinar en los gemidos de ella si quería que la mordiera, que la lamiera, que la succionara o que intentara cubrir la mayor superficie de sus pechos con su boca bien abierta.

Luego siguió descendiendo por su abdomen. Le gustaba su piel blanca, se detuvo un momento en el lunar que adornaba su cadera y lo lamió también, como dibujando su propio placer. Sentía la respiración agitada de Beatriz allá arriba, mientras él, más abajo, se acomodaba para quitarle el pantalón. ¡Qué delicia!, pensó. Y lentamente dejó al descubierto su pubis completamente depilado, su vulva hinchada, sus piernas blancas. Y quiso seguir lamiendo. Envolver su cuello con las piernas de Bea para quedar frente a su sexo humedecido y perderse en la succión. Porque quería lamerla toda, entera, beber de ese líquido que se le escapaba y que comenzaba a mojar las sábanas. Y con su lengua recorrió cada rincón, lamió la entrada a la vagina, intentó introducir su lengua, mordisqueó suavemente sus labios, buscó su clítoris para estimularlo suavemente, como a ella le gustaba, así, despacito, despacito. Suave, suave, le decía. Mientras él obedecía sumiso como un soldado.

Pero Beatriz, de pronto, hizo un movimiento brusco. Había sentido un ruido en la pieza de al lado, la pieza del niño. Se debía haber despertado su “bendición”, le dijo, que fuera a revisar. Ella no estaba acostumbrada a esas cosas. Rubén se levantó de la cama, completamente desnudo y con una rígida erección. Le dijo que estuviera tranquila, que él no había escuchado nada pero que iría a revisar. Cogió una bata, y salió del dormitorio para asomarse a la pieza de su hijo. Jorgito dormía tranquilo. Abrazado a su muñeco de peluche.

Cuando volvió al dormitorio le dijo a Beatriz que estaba todo bien, pero ella parecía no convencerse. Algo no encajaba. No sabía si podría, le confesó muy seriamente. Creía que esto no era para ella. Pero él prefirió pasar eso por alto y se quitó la bata y se metió de nuevo en la cama para abrazarla. ¿Le parecía si al día siguiente desayunaban huevos revueltos con jamón? A Jorgito le encantaba ese desayuno y después podrían ir a un parque de diversiones y subirse a la rueda de la fortuna. Bea no contestó. Se quedó pensativa, desnuda y pensativa mirando el techo de la habitación mientras él comenzaba a besarla de nuevo.

Pero esta vez fueron interrumpidos por un breve golpeteo en la puerta.

−¡Lo despertaste! −le recriminó ella, visiblemente ofuscada.

Rubén le pidió que lo esperara. Que no se demoraría mucho. Que debía hacer dormir al niño y que regresaría de inmediato. Que era normal que se despertara en la noche. Que ocurría todo el tiempo.

Se puso muy rápidamente el pijama, la bata y abrió la puerta. El niño lloraba. Rubén lo tomo en brazos, lo besó y le dijo que estaba todo bien, que el papá estaba ahí. Que se acostaría en su cama hasta que se durmiera.

Y así lo hicieron.

Rubén y Jorgito se abrazaron en la cama del niño. Sus respiraciones, sus aromas, sus texturas les daban paz a ambos. Tanta paz que se quedaron dormidos.

En algún momento de la noche, Rubén se despertó. ¿Cuánto tiempo había pasado? No lo sabía. Se levantó de la cama de su hijo, lo tapó muy bien con la frazada y volvió a su dormitorio. Pensó que Bea también estaría dormida, que ya no valdría la pena despertarla para intentar besarla otra vez. Así que caminó muy sigiloso.

Pero su cama estaba vacía. Sobre el velador, una nota: “Lo siento. No puedo. No me gustan los huevos revueltos con jamón.”

Rubén sintió un garrotazo en el estómago. Contempló su cama vacía un momento. Parecía tan grande. Luego caminó lentamente a la pieza de su hijo y volvió a acomodarse a su lado. Lo besó en la mejilla y cerró los ojos para intentar seguir durmiendo. Sabía que no lo lograría.

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Susana Buffelli

Fui siguiendo la acción hasta la mitad del cuento. Hermosa la actitud de Rubén para con los temores de Bea y con su hijo. No hay relación plena con un tercero en otra pieza.
Pésima la reacción de Beatriz.

Federico

Me gustó el relato porque da el punto de vista no solo del protagonista, sino también de Bea, que me parece que el mérito de buena parte del relato sin decir gran cosa, estaría muy bueno un pensamiento de Jorgito con un «lo logré» al final

Cristian Harris

Muy bueno y cierto. El relato te lleva a imaginar la situación y el final abrupto hasta te hace sonreír con eso de que “ no me gustan los huevos con jamón “

Carlos

Me gustó el relato. Desafortunadamente, a las mujeres por lo general les cuesta ser madres de niños que no sean sus hijos, cosa habitual en los hombres que se convierten fácilmente en padres de los hijos de su pareja.
Eso referente al tema.
Con respecto a la escritura, y te aclaro que soy muy ignorante en esta cuestión, me molestan tus «y» para unir frases. Hay muchos recursos para hilvanar frases que hacen que el texto «suene»mejor.
Al igual que en el texto anterior, sueles reiterar la información sobre el tema y repetir algunas palabras que resulta notorio en un texto tan corto.
Por favor, está crítica es absolutamente constructiva y no tiene otro objetivo que ayudar a qué tus narraciones sean cada vez mejores.
Saludos.

Tejne Althair

Hay redundancia, suena mal al terminar una frase corta y comenzar con la misma palabra conectora la siguiente frase.

Jazmín Gonzalez

Hola!
Desconozco, que tan complicado puede ser adaptarse a una situación como esa, sin embargo, solo es eso adaptarse, si en verdad es lo que se quiere, con un poco de esfuerzo, seguramente funcionará.

Me encanta la narración, imagino perfecto todo!

Felicidades!

LUIS ALBERTO PACHÓN

Situación corriente, bien llevado y nada sorprendente!

César

No tiene nada fuera de lo común

María Angélica

Interesante temática. Bien narrada con un
final predecible.

patricia

Qué profundidad encierra la frase «no me gustan los huevos con jamón», las implicancias en relación a la intolerancia de Bea de estar con una pareja que tiene un hijo chico. Muy buen relato, porque te sumerge en la problemática en una situación tan puntual que involucra mucho mas que una noche de sexo. Muy buen uso del indirecto libre.

Mario Encalada Castro

Entrenido contenido erótico..

José Manuel Rodríguez

Excelente, inicia o parte como dicen en Chile con lo fundamental, atrapando la atención del lector. Me imagino un argumento donde se desarrolla el conflicto, llegar al clima de la parabola dramatica y un desenlace cargado de erotismo o cualquier otro conflicto que se genere en el desarrollo del cuento. Me gustó, el l lenguaje limpió y la narrativa es sencilla y natural.

Alejandro

Hermoso me encanto, el amor a los hijos esta por encima del amor propio

Rafael Alban

Reiniciar la vida solo es una cosa, pero cuando hay hijos pequeños es difícil. No digo que con hijos mas grandes no lo sea, solo que sus necesidades son distintas. Y aun más complicado tener otra pareja que debe compartir ese tiempo contigo y con el hijo de otra o de otro. Los humanos son egoístas con el tiempo «compartido».

Jorge Moreno

Algo que pasa en muchas parejas que tienen relaciones con padres o madres solteros(as). Se da un momento en que quieres sentir que la pareja se vuelve tu propiedad exclusiva, pero nunca se puede competir contra un hijo(a) y menos si es menor de edad.

Carlos

Me gustó aunque por un momento pensé que quien llamaba a la puerta era un tercero, no Jorgito, y ahí se armaba la fiesta

Josë Luis Torrentera

me guasto tu relato, la intención es buena, solo senti que se corta seguido por los «punto y seguido» no se si cabe ahi «comas»
saludos

Clara

Buen relato. Un tema delicado. Creo que debe de ser complicado para una mujer que no tiene hijos enfrentarse de golpe a un niño de cuatro años, al que le costará mucho adaptarse.
Al final, esperaba un giro un poco más sorprendente. Pero en conjunto, bien.

Nabia

Muy buen relato. Refleja la realidad. Somos seres emocionales con necesidades de pareja. Sin embargo difícilmente se puede encontrar la pareja ideal dispuesta a aceptar las responsabilidades del otro. Lindo final.

Me gusto este relato, te hace sentir que un padre verdadero si vale la pena, que cuide a su hijo, la actittud de Bea, es muy mala ella, debería haberla respetado la descisión de Rubén, muy buen relato

Óscar Salas Gómez

Sugerencia de economía narrativa. PENÚLTIMO PÁRRAFO.- La cama estaba vacía. Sobre el velador una nota: ‘No me gustan los huevos REVUELTOS con jamón’. ÚLTIMO PÁRRAFO.- Sintió un garrotazo en el estómago. Contempló su cama… sobradísima. Regresó lentamente a la pieza de su hijo. Somnoliento, volvió a acomodarse a su lado. (Acertó con la bolita de la nota en el cesto.)

Severo

SEVERO DE LA CRUZ

Severo de La Cruz

Me gustó. Viví la experiencia de Jorgito de niño. Imagino los sentimientos de mi madrastra en este personaje.
Subes la temperatura y luego un chorro de agua helada.

Jorge Rojas

Gran relato, dinámico, explícito y que expone una realidad, las relaciones sexuales con hijos e hijas de diferentes edades. Si ya es difícil con los propios, para ella lo era aún más, y siendo la primera vez que iba al departamento, tendría que haberlo tenido claro. El final, sorpresivo e irónico. Sin duda que hubiese sido mejor el desayuno sin Jorgito revoloteando.

Jorge Rojas

Quiero hacer una Fe de Erratas, donde dice “tener relaciones sexuales con hijos e hijas ”, me faltó agregar o ser más explícito, con “hijos e hijas viviendo en la casa”.

Richard

Me gustó el pulso del relato, lo bravo que a ratos es y cruzado por el suspenso y al final con dosis ternura.No es nada de plano, adopta dos puntos de vista; dos estados de ánimo.

María Elsa Olaya H

Me gusto la narraciòn, me imaginè cual era la reacciòn de Beatriz no estaba tranquila.

wilson Alberto Amado Pinzon

me gusto. y no es solo es un relato, creo que a muchos nos ha pasado momentos asi.

María Gloria Fernández

Muy Bueno. Final abrupto y tenso. Qué difícil situación.

Irene Judith Leal

Me gustó mucho. Muy bien lograda la sensualidad. Buen final porque sorprende.

Jorgelis

Excelente relato, deseos truncados e impaciencia.
Usar técnicas minimalista no estaría mal.

Tejne Althair

Estimado no soy experta en escritura, pero primero como lectora te comento que me parece un poco grotesco la forma en que se relatan los hechos. Como escritora aficionada te comento que me han enseñado que si deseo escribir sobre erotismo sea cuidadosa. No pasar a lo burdo o a la pornografía, se puede decir lo mismo sutilmente, y allí es donde está lo interesante del escritor lograr que la imaginación del lector fluya. Es mi opinión humilde para un escritor con experiencia como lo es usted.

Andrea Milla Brito

¡Excelente! Me encantó como fuiste, sutilmente, adelantando que Rubén se iba a quedar solo. Bien por Beatriz y su sinceridad! Pobre crío chico…

Juan Pablo Herce Caro

Interesante el punto de vista de que el padre sea quien tiene al hijo. Estamos acostumbrados a que la madre sea quien carga con la carga de toda la custodia, incluido el rechazo de los hombres por lo mismo.
Bien narrado, imaginamos el final, solo que continuamos leyendo para saber el cómo sucederá (o ¿quisiéramos que no?).
Una noche, la primera en casa de Rubén; se muestra que la relación ya iba caminando, incluso en la sexualidad. Bea se enfrenta a un día, y su noche, a la no deseada convivencia con el niño, de pronto se percata que aquello la rebasa con creces.
Interesante, por lo que se muestra, pero que no se cuenta.
Felicidades.

Ligiabel

Me metí en la historia, me gusto, estuvo genial

Mariluz

Interesante la descripción de lo que está sucediendo dentro de la habitación, pero por más amor de Bea, yo sería una de las mujeres que actuaría así, «no me gustan los huevos con jamón».

Victoria

La verdad desde que comencé a leerlo supe que esto terminaría así, cuando hay hijos y tienes que competir con ellos es muy incómodo, lo peor es que con un niño no puedes competir y sabes que él siempre será primero. Por eso lo mejor es irse y ya no dar tantas explicaciones. Yo hubiera dicho adiós y decir no me gusta que toda la atención no esté puesta en mi. Quizás egoísta, Pero es mejor cortar esto ahora.

Pedro

muy bonita historia encierra el sentir y la incomodidad de Beatriz al estar en un lugar que le es incomodo

Efigenio Morales Castro

Excelente cuento, doctor: tiene erotismo, tristeza, indecisión, y sobre todo, la objetividad de la propia vida. El personaje sabía, que mientras su hijo estuviera pequeño, él no podría pertenecer a ninguna mujer, sobre todo, porque no podría compartir con hábitos del hijo de él; de este modo, una cimentación amorosa fuerte, no podría realizarse. Saludos, doctor…

Katy

Este relato es genial, describe cualquier noche de una pareja de tantas de estas que hay separadas y con hijos, empatizo perfectamente con ese papá y con sus prioridades de padre y náda con el egoísmo de la chica, creo que transmites todo lo que quieres en pocos palabras.
Me parece genial.

miriam

me gustan las historias que lleven a la imaginación, la tuya es buena , saludos

Natasha Valdes

Buen relato, tierno a pesar del tema, aunque creo haberte leído algo muy similar en cuanto al foreplay, siempre desde el punto de vista masculino. Yo creo que el. gran final es: No me gustan los huevos con jamón. Lo demás déjalo para el lector.

Meried Rivera

Es un tema,muy cotidiano, en la actualidad pero también son vivencias que ocurren en un hogar convencional, interrumpiendo nuestra vida afectiva con la pareja para correr a asistir nuestros hijos .

Constanza

Sensual, erótico, a la vez tenso, preocupado. Me encantó.

Pepe

El amor es,sublime cuando se ama con pasiòn y sè es, correspondido,se puede Amar aunque haya de por medio un hijo;pero si la madre prioriza la atenciòn al hijo antes q la pareja ,esa relaciòn no funcionarà,porque la pareja requiere estar en la ìntimidad,no sòlo tener sexo,sino dialogar en la forma como se puede estar, y lògicamente si hay un impedimento de la presencia del hijo, esa relaciòn se va a desgastar y habrà problemas,espero que mi aporte sea algo positivo.

Maribel

No lo leí completo me salte un poco el relato del acto sexual , demasiado detalle para mí gusto, cuando lo que esperaba era más comunicación entre ellos, no fue así , el final era una opción,
Espero que Ruben encuentre alguien que los ame a ambos.

CONCEPCIÓN

Excelente relato, pienso que muchas personas deberían leerlo para que sepamos a qué nos metemos cuando aceptamos relaciones de segunda o tercera y de esa manera con la plena conciencia de lo que acarrearía no habr+ian esta supuestas dificultades en la expresión del amor mutuo. Para aprender

Leidi brito

Me gustó el tema de este relato, aunque se sabía cuál sería el final. Este me gustó, la nota que dejó al marcharse.

Euri

Me encantó. Cuando hay interés se pueden superar los contratiempos y comprender que un niño pequeño creciendo con la ausencia de su madre necesita atención. No es nada fácil para un hombre responsable criar solo a un niño.

Él está buscando una pareja y madre para su hijo

Jonny Vergara

Hay que leerlo y volver a leer para comprender a Beatriz. En forma omnisciente se goza màs que como protagonista. Llena

Lilia

Me gustó mucho la descripción erótica y el evento es una realidad cuando se tienen hijos pequeños . Además, en este caso, el hombre es quien sufre el abandono. Algo más frecuente en nuestros dìas

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