Luisa, por Martín Celis

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No podía atarse el nudo de la corbata, el que le había enseñado años atrás a su hijo, cuando comenzaba su etapa escolar, ese mismo que se había atado a diario por más de cuarenta años para ir a la oficina.

Alberto se había escondido a medio vestir en la ducha, con la corbata desecha, porque alguien lo observaba y se burlaba de él, impidiéndole atar bien el nudo. Tenía frío y le tiritaban las cañuelas desnudas, y desprovistas de pelaje. Sus pantalones estaban en su cuarto, pero para llegar a ellos, debía cruzarse con aquel que detestaba, su archí enemigo, de antes de que Luisa lo dejara.

-¡Luisa! ¡Luisa!- Vociferaba el pobre hombre atrapado en la ducha. -¡Quiero a mi Luisa!- Pero nadie aparecía. Quiso llamar a sus hijos, pero no le venían a la mente sus nombres. Sabía que tenía dos o tres, eso ya era un progreso. Recordó que para ocasiones como esta, Luisa le había dejado una libreta negra, su Luisa, con una foto de ella en la portada, especificándolo todo, nombres, direcciones, años, en fin todo lo que Alberto pudiera olvidar.

En la primera página había una dedicatoria que ella le había escrito días antes de morir. Para mi amor y mi compañero de vida, para mi amigo Al, para que nunca más te olvides y me lleves siempre en tu corazón. Él no la había olvidado. Todos los días llevaba esa libreta, su Luisa, en el bolsillo interior izquierdo de su chaqueta, y por las noches dormía con ella, abrazándola fuertemente contra su pecho.

-Voy a morir congelado en esta ducha.- Pensó. -¡Qué vergüenza!-

Cada vez que abría la cortina para ver si estaba su enemigo, lo veía ahí, sobre el lavamanos, haciéndole morisquetas, luego volvía a parapetarse en su escondite.

-Yo estoy aquí, y mi Luisa está allá. ¡Debo llegar hasta ella!-

Hace veintiséis batallas atrás, Alberto había sido derrotado por su enemigo, quedando inconsciente en la ducha, con la cabeza rota. A su hija, que pasaba todos las mañanas a darle el desayuno, ese día la atrapó un taco en la avenida principal, lo que la hizo llegar tarde. Desde entonces, ella y su hermano le instalaron un pasamano en la ducha. Acordaron estar más alerta que nunca, ahora que mamá se había ido.

¡Tregua! Gritó Alberto desesperado. Alzando sus calzoncillos blancos fuera de la ducha. Sus mandíbulas parecían castañuelas, en medio de una función de flamenco. Pero no era el frío lo que más le molestaba. Tal vez el orgullo y la vergüenza, porque una vez más agachaba el moño frente a su enemigo. Una vez más rogaba piedad, con la camisa mal abotonada, la corbata sin anudar, los calcetines caídos por culpa de los elásticos vencidos, y los calzoncillos en la mano. Tregua, te lo imploro. Suplicó Alberto.

No hubo respuesta.

Necesitaba ir por Luisa. Ella era la única que podía ayudarlo. Su hija estaba enferma en su propio hogar y su hijo en una conferencia fuera de la ciudad, y necesitaba recordarlos. Temía que esta vez su cerebro se los llevara a todos.

-¡Luisa! ¡Yo quiero a mi Luisa!-Gemía Alberto descaradamente, quien ya estaba urdiendo un plan.

Con el tiempo y las miles de guerras que había tenido con su enemigo, había aprendido sus fortalezas y sus debilidades. Sabía que su contrincante era un caballero viudo, de edad avanzada; que había recibido su jubilación anticipada, dado de baja con honores. Sabía que él vivía en un pequeño departamento de dos ambientes en pleno centro de la ciudad, y sabía que tenía dos o tres hijos a los que este amaba.

¡Por la vida de tus hijos, joder! ¡Tregua! Estamos entre caballeros. No me estoy rindiendo. ¡Eso nunca! No por nada fui condecorado tres veces en la Escuela Militar. Solo pido morir en este campo de batalla, con mi Luisa en el corazón y despedirme de los que se me escapan.

Una vez más, no hubo respuesta de su enemigo.

Unas palomas se habían posado en la ventana que estaba abierta. Gorjeaban de lo lindo, expectantes y apasionadas. Desde fuera llegaba el estridente ruido de las calles, los autos, los comerciantes, en fin, del mundo entero, mientras que el silencio en el baño se hacía notar entre el eco de la gotera que había en el lavamanos. Finalmente esa tensión volvió a cortarla Alberto.

Asumiré tu mutismo como una aceptación de tregua. Saldré con las manos en alto, y cerraré los ojos para no enfrentarnos ni siquiera con la mirada. Espero que tú hagas lo mismo.

Nuevamente no hubo respuesta de su enemigo.

Alberto suspiró. Estaba asustado. La gotera del lavamanos lo tenía perturbado, era casi como una afrenta de su enemigo, alentándolo a que se atreviera a salir de su escondite para sufrir las consecuencias de un ataque.

Calma, Alberto, calma. La guerra no ha terminado, solo es una tregua entre caballeros, luego el duelo continuaría. Su corazón acelerado, parecía un Lambrghini sin frenos a punto de estrellarse.

Corrió la cortina de baño, y al hacerlo el mundo pareció ir en cámara lenta. Los sonidos ahogados, y distantes, como si la vida misma estuviera ocurriendo bajo el agua.

Buscó a tientas el pasamano para no ser derribado por su oponente, quien le gritaba ¡Abre los ojos! ¡Abre los ojos! ¡Mírame! ¡Yo soy tú, mi enemigo Al!

Al estar ya con los dos pies fuera de la ducha, Alberto quiso acelerar el paso para salir del baño, pero a ojos cerrados le sería imposible hacerlo, entonces recordó su plan.

Se acerco poco a poco a su enemigo. Paso a paso, mientras seguía  escuchando sus gritos. ¡Abre los ojos! ¡Abre los ojos! Estuvo a medio metro de él, o quizás menos, tocando su rostro plano, buscando su boca para poder silenciarlo. Quería robarle hasta el último aliento. Y al no poder hacerlo. No como pensaba, tuvo que cambiar su estrategia.

Ambos rompieron la promesa de caballeros. Abrieron sus ojos al mismo tiempo, encontrándose cara a cara. Era ahora o nunca. Matar o morir. Lo derribaría de un solo cabezazo. Porque su enemigo no cesaba su arenga. ¡Mírame! Me los voy a llevar…

Alberto, ante la desesperación, y haciendo un esfuerzo inconmensurable, y sin la necesidad de recurrir a su Luisa, recordó de pronto que tenía dos hijos, los que le dieron la fuerza y el valor para derribar a su oponente. Y dando su último grito guerrillero, le propinó un golpe con la cabeza a su enemigo…

Pasó tres días en hospital, desorientado, y al volver a su hogar, acompañado por dos jóvenes extraños, quiso asegurarse de que su enemigo ya no estaba en el baño. Y así fue. Su quebrado adversario figuraba en trozos, en el basurero. Pero aún no estaba tranquilo, algo le faltaba, algo que no estaba en su cabeza. Le entregaron su libreta, y poco a poco pudo recordar.

¡Mati…! ¡Daniel…! Alberto ahora sonreía porque nuevamente tenía a Luisa en su corazón.

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56 Comentarios. Dejar nuevo

  • Bello, emocionante!!
    La exclamación joder, me hizo pensar que el escritor no es chileno

    Responder
    • Martín Celis Gómez
      18 junio, 2021 12:14 pm

      Hola Rosa. Gracias por tu comentario. Y en respuesta a tu pensamiento. “Soy más chileno que los porotos,” aunque a veces me confundan.
      Un abrazo.

      Responder
  • Angelina Campos
    18 junio, 2021 12:02 pm

    Felicitaciones
    Me gustó mucho el tema de esta narración.
    Me atrapó leerlo hasta el final.
    Saludos.

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  • Margarita Gomez Gormaz
    18 junio, 2021 12:34 pm

    Me gustó mucho, muy bien escrito. Una realidad que logras hacerla visible con delicadeza y buena pluma. Felicitaciones

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  • Carmen sarue
    18 junio, 2021 1:17 pm

    Bien escrito e hilado…sensible y tragico ..no te habia leido antes..bravo..!

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    • Martín Celis Gómez
      18 junio, 2021 2:19 pm

      Gracias Carmen.
      Espero seguir entregando historias para que puedas ir leyendo y comentando.
      Un abrazo.

      Responder
  • Rosita Gomez
    18 junio, 2021 2:02 pm

    Muy bien escrito, me encantó refleja con claridad la dura batalla que significa la enfermedad y la vejez pero de forma sutil felicitaciones

    Responder
  • muy emocionante y también aterrador tu relato para todos los que vamos camino a la cuarta edad.
    Saludos

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    • Martín Celis Gómez
      18 junio, 2021 10:00 pm

      Constanza. La vida es así, aterradoramente emocionante y depende de nosotros que lo siga siendo. Gracias por leer.

      Responder
  • Paulina Pérez
    18 junio, 2021 4:20 pm

    Emoción directa al corazón,conectada con la realidad de muchos .

    Responder
    • Martín Celis Gómez
      18 junio, 2021 10:02 pm

      Muchas gracias Paulina. Espero seguir entregando emociones, y que sigas leyendo mis historias. Ya vendrán otras.

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  • Me emocionó, y alegró a la vez el hecho de que recordara a sus hijos! Yo estoy tratando ando de hacerme una estrategia para evitar daños con los olvidos, ejemplo regreso la tercera era a la cocina, si ésta quedó encendida la apago y cierro el paso del gas, luego apago la luz y finalmente cierro la puerta. Así con todo, llaves, candados mientras no apague las luces no cierro puertas. noto qué me ataca el enemigo a veces y cada vez mas seguido. Me encantó tu relato.

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    • Martín Celis Gómez
      18 junio, 2021 10:06 pm

      Gracias Miriam.
      Todos tenemos algo de eso. Yo también reviso más de una vez las puertas, llaves de gas etc… pero quiero creer que no es olvido, sino una linda preocupación y cuidado para y por nuestros cercanos.

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  • Susana Bufelli
    18 junio, 2021 5:49 pm

    Muy buen tema, muy bien narrado.Tiene ritmo y suspenso. La lucha con los recuerdos
    suele ser así. Hay siempre un enemigo al acecho.”Joder!!”
    Felicitaciones!!

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  • Tatiana Velasquez
    18 junio, 2021 7:00 pm

    Fue una lectura atrapadora intrigante del 1 instante donde los seres humanos no estamos preparados para la vejez se nos enseña caminar hacer un buen cristiano profesional tener emociones pero no olvidamos pregintar aprender de la vejez precoz o vejez completa que connleva un sin fin de sentimientos sustos miedos y los jovenes olvidan y no hay atraccion a aquel anciano o anciana .penita me dio pero es una realidad cruda y me quefa con esa gusto poco de saber mas de ese anciano desesperado de sus sustos y miedos propia de l edad …saludos Tatiana

    Responder
    • Martín Celis Gómez
      18 junio, 2021 10:16 pm

      Muchas gracias Tatiana.
      Si no me equivoco, (tal ves lo haga), Gabriel García Márquez dijo, (y trataré de citarlo) “La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido” Quiero creer que él hablaba de ese olvido que tu comentas. En cuanto al personaje de la historia. Está bien cuidado. Se ha sacado el kino con sus hijos y su difunta Luisa. jajaja Gracias por leer.

      Responder
  • Cristian boetsch a
    18 junio, 2021 7:25 pm

    romántico ,triste ,real , cercano como la vejez , contada con un dejo de angustia y mucha originalidad , me entretuvo mucho .Me Emocione !!, genial !

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  • Carolina Celis Atria
    18 junio, 2021 9:31 pm

    Es un relato claro de la realidad de la vejez, muy bien narrado y ameno. Felicitaciones Martin

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  • He comenzado a escribir y creo que lo he hecho toda mi vida, solo que no lo sabía. Las emociones son parte de tus letras. Me imaginé las secula de imagenes. Notable el espejo

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  • Ana M. Munster
    19 junio, 2021 7:57 am

    Excelente. Me cautivó desde el comienzo. He leído varias narraciones, me encantan. La verdad no me he percatado si son de chilenos o no. Ahora que sé que eres un compatriota, te pregunto con más confianza, ¿hiciste algún Taller Literario o eres autodidacta?.
    Tengo la inquietud de publicar algo, pero no me he atrevido. La verdad es que escribo y luego lo descarto pensando que nadie lo leería y se queda allí, guardado en mis archivos.
    Muy buen relato, muy real. Soy una persona de tercera edad y veo cercana esa realidad.
    ¡Felicitaciones!👏👏👏👏👏

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    • Martín Celis Gómez
      19 junio, 2021 3:43 pm

      Hola Ana. Muchas gracias. Te cuento en este momento estoy tomando un taller con Juan Carlos Sánchez… totalmente recomendado para todo público, grandes y chicos, con o sin experiencia. También he tomado anteriormente otros talleres de dramaturgia, y aparte trato de estar siempre escribiendo, Y MOSTRANDO los escritos. Es la única manera de irlos mejorando, recibiendo las criticas constructivas de los lectores. Yo también guardaba mis escritos, pero ya he estrenado muchos textos teatrales, uno se publicó al haber ganado un concurso (luego de haberlo guardado por años), este año salió un libro de poesía que escribí… en fin NO GUARDES, COMPARTE. Puedes aprender mucho de los demás y de seguro entregar tus propios conocimientos.

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  • María Angélica San Martín Espinoza
    19 junio, 2021 12:13 pm

    Excelente
    Una gran emoción, parece realidad.
    Que lindo compartir una obra de su alumno.

    Gracias por el envío.

    Responder
  • Me cautivó tu cuento, lo viví como en primera persona y me emocioné. Recordé a mi padre el día Que lo encontré con un paño de cocina agitándolo por la ventana, no quería más guerra ….😢. Felicitaciones, continúa escribiendo.

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  • Muy emotivo tu relato. Me recordó a mi madre que en el final de sus días dejó de comunicarse y dejó de reconocer a muchas personas… Felicitaciones

    Responder
    • Martín Celis Gómez
      19 junio, 2021 3:51 pm

      Gracias Mildred por tus palabras.
      Un abrazo para ti y para tu madre que de seguro ahora está mejor que todos nosotros.

      Responder
  • Una triste realidad contada con tacto y delicadeza.Ojala todas las personas enfermas tuvieran tan buenos hijos.

    Responder
    • Martín Celis Gómez
      19 junio, 2021 3:53 pm

      Gracias Ana.
      Ojala todas las personas nos preocupáramos más por todas las personas, y no por las estupideces en las que generalmente nos preocupamos.
      Un abrazo.

      Responder
  • Luis Iturra Cuellar
    19 junio, 2021 2:54 pm

    Me encanto el relato, por la tensión que genera la situación del olvido, que vive el protagonista. Me imagino por el tenor de la trama, que el personaje sufre de Alzaimer o algún tipo de demencia senil. Logras atrapar al lector con tu relato y usas muy bien el objeto de la libreta, para darle más profundidad y coherencia al cuento. Muy bueno tú trabajo felicitaciones. Sigue adelante tienes mucho potencial….

    Responder
    • Martín Celis Gómez
      19 junio, 2021 3:56 pm

      Muchas gracias Luis.
      Tus palabras llenan de energía y más ganas de continuar en este camino.
      Un abrazo.

      Responder
  • Marcela Cristi
    19 junio, 2021 10:45 pm

    Excelente Martin. Me encanto, un tema triste y complejo tratado con mucha originalidad y delicadeza. Felicitaciones.

    Responder
  • Muy,muy ocurrente, me gustó mucho ..

    Responder
  • Que buen relato Martin, se aceleró mi corazón, te felicito

    Responder
  • Martín Celis Gómez
    22 junio, 2021 3:27 pm

    Upa!! Que bueno leer tu comentario Leticia.
    Espero seguir generando más cosas con mis próximos escritos.
    Gracias por leer.

    Responder
  • Guadalupe Corrales Cosmelli
    24 junio, 2021 6:21 pm

    ¿Qué historia más linda aunque refleje la tristeza de la vejez! La sentí muy bien escrita, me agradó mucho.
    Gracias

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  • Mati no se donde comenté tu cuento. Parece que mandé un mail. Muy raro
    En todo caso muy emocionante el cuento. Me tocó el alma esta sensible historia de amor en el ocaso de una vida y en el mundo del olvido. Un tema muy duro tratado con gran delicadeza y sensibilidad

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  • Martín Celis Gómez
    28 junio, 2021 10:27 am

    Muchas gracias tía.
    Que bueno que le gustara.
    Besos.

    Responder
  • Myriam Becar
    30 junio, 2021 2:52 pm

    Me mantuve interesada durante toda la historia. Narra muy bien, una realidad a la cuàl muchos de nosotros podrìamos ser excelentes candidatos. Si me permite una sugerencia con todo respeto:
    No utilice la palabra ¡ Joder ! no es nuestra !!

    Responder
  • Martín Celis Gómez
    3 julio, 2021 3:04 pm

    Myriam, te agradezco tus comentarios.
    Realmente espero que nadie más sea candidato-candidata a este tipo de realidad, y ojala que quienes la estén viviendo, logren salir de ahí.
    Muchas gracias por tu sugerencia.

    Responder
  • M.Loreto Díaz
    8 julio, 2021 4:02 pm

    Excelente, triste y muy real …para allá vamos.
    Felicitaciones…..

    Responder
  • El Alzheimer terrible enfermedad que nos lleva el espíritu antes que el cuerpo. Terrible proceso de las personas mayores.

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