No es no, por Cecilia Saa

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Carmen Gloria agachaba la cabeza con vergüenza, tratando de hilar palabras coherentes para detallarle al joven policía cuales habían sido las circunstancias en que ocurrieron los hechos.  Trataba de deshacerse del sentimiento de culpa que le embargaba al pensar que probablemente la situación fue provocada por ella, sin duda, un sentimiento que todas las mujeres que han sido víctimas de un crimen sexual experimentan. ¿Cómo no sentirlo si la sociedad nos culpa por la forma de vestir, por la cantidad de maquillaje que usamos o por la frondosa melena que nos atrevemos a soltar? ¿Como no sentir vergüenza si por años se nos ha tachado de provocadoras por el solo hecho de tener un par de tetas?

Sentarse en aquella fría oficina a declarar, la hacía sentirse vulnerable, al punto de no recordar con claridad el orden en que había trascendido la pesadilla aquella noche.

— Nos estábamos acercando, habíamos hablado vía telefónica por un mes y finalmente coincidimos en la fiesta de mi prima María Paz — comenzó su relato con voz temblorosa, tomando aire para poder conectar las palabras que una en una iban saliendo de su boca, quizás en desorden, quizás con reproche.

El policía la miraba de arriba abajo conforme iba transcribiendo lo acontecido, era evidente que al observarla había un dejo de incredulidad de su parte.  Sin embargo, como buen policía seguramente preparado para el caso, continuó preguntando.  Frases como “¿pero ustedes ya se habían besado antes?”, “¿usted accedió al encuentro?” “¿por qué aceptó el trago que le ofreció?”.  Interrogantes como esas iban y venían mientras redactaba la declaración.  Para una víctima es como sentir un huracán de preguntas que confunden, minimizan y llevan posiblemente a una retractación anticipada.

Manuel y Carmen Gloria se ubicaban desde el colegio, pero no fue hasta la fiesta de graduación que comenzaron a conversar, posiblemente ahí nació el primer flechazo.  Empezaron a verse en casa de amigos, nunca a solas.  A coquetear con esa frescura de la juventud, con esa inocencia que transforma las muecas de la cara y las hace más brillantes.  Después de un tiempo iniciaron las conversaciones en tono conquista vía mensajes y luego más subidas de tono, experimentando el desparpajo de jugar con palabras atrevidas.

Ese viernes Carmen Gloria llegó muy arreglada a la fiesta de María Paz, tenía la esperanza de encontrarse con Manuel y compartir un momento juntos.  Una idea romántica rondaba en su cabeza de finalmente poder bailar alguna canción lenta o besarse con ternura.  La fiesta parecía un tanto aburrida, hasta que llegó aquel grupo de jóvenes bien parecidos, cabellos cuidadosamente peinados, pantalones apitillados y un balde de perfume en la piel.  Cuando vio que Manuel apareció en medio de los “populares”, se le erizaron los pelos de la emoción.   En seguida se acercaron para saludarse y moverse al compás del reggaetón, cuya melodía invitaba a torcerse, rozarse y cantar muy fuerte en compañía de una buena piscola en mano.

Ambos cantaban a todo pulmón las letras tan pegajosas de cada canción.  Bailaban de cerca, juntando sus caderas, entrelazando sus piernas.  El alcohol iba y venía como agua. La garganta no acostumbrada de ella se veía resentida por el consumo alocado.  Manuel la besó por un rato, bailó aún más pegado hundiendo los dedos en su cintura, tal vez insinuando deliberadamente su intención.  Se acercó y al oído le dijo que vayan a “conversar” al segundo piso.  Ella accedió, la pista de baile le daba vueltas y pensó que en un lugar tranquilo podría calmar su malestar de bebedora inexperta.

Llegaron a una de las habitaciones y Manuel se puso aún más cariñoso.  Insistentemente trataba de meter las manos debajo del pantalón de Carmen Gloria, mientras ella se negaba, luchando por hacer fuerza con la poca energía que le quedaba producto de las bebidas.

— ¡Ya flaquita, no va a pasar nada, te va a gustar y no se lo vamos a contar a nadie! ¡Flaquita no seas mala onda o si no, no hablaremos más!  — era evidente que trataba de usar la amenaza sicológica para lograr su objetivo.  Tan típico de un macho ganador.

El intento desesperado de   zafarse   fue en vano y se entregó finalmente, tratando de defenderse de la violencia provocada por ese sujeto que ahora parecía totalmente un extraño.  En medio del forcejeo y la desesperación, perdió la conciencia y su cuerpo se paralizó hasta el desmayo.

María Paz la encontró en la cama hecha un ovillo, llorando sin parar.  No fue en ese momento en que habló con la policía, pasaron días en que el sentimiento de culpa y la recriminación volaban en su cabeza tratando de llegar a una explicación lógica de lo que había sucedido.  Hubo noches sin dormir, con miedo, con asco por su propia incapacidad de predecir lo que pasó.   Era una víctima tratando de justificar el actuar de un agresor cercano, sorpresivo y manipulador.    El silencio no aguantó más y explotó por todo su cuerpo haciendo voz de lo que su conciencia quería ocultar.  En medio del cuestionamiento de sus conocidos, cinco días después del incidente, decidió que no se callaría más y con todo el coraje que su poca autoestima en eso punto le podía dar, tomó el taxi hacia el cuartel.

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29 Comentarios. Dejar nuevo

  • Es tan cierta tu historia, nos han metido la culpa en transfusión así que resulta a veces complejo saber que tenemos que denunciar algo, en lo que nunca estuvimos de acuerdo y en todo momento fuimos abusadas. Gracias por contarlo de esta manera.

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  • RAFAEL GARCÉS R.
    14 septiembre, 2021 5:43 pm

    CECILIA, PRECIOSO, HERMOSO TU RELATO; LA LECTURA ES EL PROPIO VIVIR DE CARMEN GLORIA EN UN PASAJE SEMINCONSCIENTE Y, EN CUALQUIER OTRO EVENTO DESAFORTUNADO DE LA VIDA. ¡FELICITACIONES, Y ESPERO SEGUIR LEENDO TUS RELATOS.

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  • Fernando Espejo
    14 septiembre, 2021 6:02 pm

    Excelente relato muy vívido, lo transfiere a uno con facilidad al lugar de los hechos, todo magnífico., excepto por la puntuación que utilizan y que yo siento que no coincide con mi forma de pausar, pero claro., ustedes son expertos yo principiante o mejor aún, pretendiente de escritor.
    Les agradezco mucho este relato, ojalá me permitan otros con los que pueda ir corrigiendo y madurando un estilo que aún no tengo.

    Gracias sincera
    Fernando Espejo
    Saludos

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  • Fuerte y claro relatos, mezcla la culpa y el dolor de un modo prolijo.
    Felicitaciones

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  • Que historia bien contada..bravo..a la autora..

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  • ¡Hola! , logras mantener la atención hacia el texto, es muy descriptivo y puedo imaginar fácilmente lo que voy leyendo, tus palabras son sencillas en poco dices todo. Aunque me esperaba un final más intenso. Saludos.

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  • María Angélica San Martín Espinoza
    14 septiembre, 2021 9:09 pm

    Faltan ideas, me pareció incompleto.

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  • Eva Guajardo Morán
    15 septiembre, 2021 12:29 am

    Una seca, mi querida Cecilia Saa!! No es no!!! Me encanto tu relato, real, consistente, sensible y preciso. Un abrazo

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  • Cecilia,
    Sin duda que tratas un tema muy interesante y, desde el punto de vista de la redacción, me parece impecable.
    Sin embargo me hace ruido el narrador, pues hace muchos juicios de valor a medida que cuenta la historia (incluso ironiza) y le resta protagonismo a Carmen Gloria. Transforma, a ratos, el relato en una especie de ensayo. Me parece que eso podría cambiar “enmarcando” el cuento, para que sepamos quién es ese narrador, o dando algunos diálogos a la protagonista, para que de esta forma empaticemos con ella a través de su propio actuar/decir, creo que además esto ayudaría a elevar las curvas de tensión.
    Espero seguir leyendo más relatos tuyos.
    Muchas gracias.
    Saludos!

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    • Cecilia Saa Bahamondes
      15 septiembre, 2021 10:38 am

      Hola Ivan comprendo lo que dices y te encuentro razon, pero es un trabajo de una clase sobre modalizadores discursivos, donde el relato debe enfatizar ciertas opiniones del narrador para causar efecto en el lector. Pero en una narración normal lo ideal es todo lo que tu planteas!!!

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  • Consuelo chica Cortes.
    15 septiembre, 2021 7:13 am

    Tu relató perimite al lector involucrarce en la historia, vivírla y sentirla felicitaciones.

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  • Rosa Candia Candia
    15 septiembre, 2021 7:16 am

    El abuso tan presente en nuestra sociedad. No es no. Muy descriptivo el relato, doloroso, me mantuve muy expectante hasta la última línea, esperando un final mucho mas sorpresivo, con cárcel incluido. Felicitaciones¡

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  • Verónica Castillo
    15 septiembre, 2021 8:29 am

    Muy bueno Cecilia! En hora buena!

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  • Noeli Suazo Román.
    15 septiembre, 2021 11:20 am

    Es un tema que nos atañe a todas, por cierto verídico.
    Lo encuentro demasiado extenso.

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  • Eduardo Jara Díaz
    15 septiembre, 2021 11:37 am

    Buen Tema, un tanto descriptivo en algunas partes. Es un buen relato que se puede pulir aún más.

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  • Que lindo escribes mi ceci , felicidades tus relatos atrapan, logras captar toda la atención del lector .

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  • MARIA PEREZ UBILLA
    15 septiembre, 2021 7:38 pm

    Hola. Solo un alcance: “el orden en que había trascendido la pesadilla aquella noche”. Debiera decir ” el orden en que había sucedido la pesadilla aquella noche”. Suceder no es lo mismo que trascender.

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  • Desde luego, aya forcejeo o no, ningún tipo normal toma a una mujer que perdió el conocimiento . Pero es complicado el tema en los adolescentes intoxicados y en fiestas .

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  • Beatriz Morales
    16 septiembre, 2021 8:06 am

    Muy buen relato, una descripción de lo que vivimos hoy día, bastante doloroso

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  • Muy bueno tu relato, Cecilia, es un tema muy real en nuestras sociedades, lamentablemente, pero muy bien contado. Felicitaciones

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  • Muy bien contado
    pero me pareciò incompleto al dejar en éste caso un final abierto. Felicidades!

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  • Gabriel Rojas Iglesias
    16 septiembre, 2021 9:32 pm

    Me encantó su relato Cecilia. Muy bien empleados elementos técnicos de redacción aprendidos en los cursos de narrativa de JC. El tema escogido de gran vigencia y transformado en una ágil historia que apasiona de principio a fin. Sinceras felicitaciones. Posees muchas cualidades de gran escritora

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  • Elizabeth Orellana
    16 septiembre, 2021 10:30 pm

    Un relato muy genuino, que nos habla de una realidad que hasta no hace muchos años parecía ser alterna para muchas mujeres, que vivían su propio infierno al verse enfrentadas a distintos abusos, se nos enseñó a tener miedo, a pensar que una verdadera mujer sufre callando, no se “queja”, soporta. Era necesario un quiebre, un punto de inflexión entre la mujer y la apreciación de sí misma. Más que un relato me parece un retrato en el que muchas se verán interpretadas, ojalá Cecilia no dejes de escribir, gracias!!!

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  • La escritura con tanta naturalidad mantiene al lector interesado en conocer el resultado de la toma de conciencia de la protagonista, con esa desprotección y culpa. Como meterse en la conciencia y el corazón del otro para conseguir justicia. Esta historia le sirve a muchas y muchos.

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  • Laura Klappenbach
    17 septiembre, 2021 10:53 pm

    Muy realista,y gracias por explicarlo de alguna manera.Ya que para muchas víctimas es difícil verbalizar lo sucedido .Y saber que es normal ,no poder explicarlo bien, y sentirse responsable de lo sucedido.Mas allá de lo narrativo,tu relato simple y claro,es muy valioso.

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  • Me gustó tu relato, la forma en que lo narras. Tienes un estilo muy fresco y natural.

    Siento qué hay algunas frases que se podrían redactar mejor, como es el caso de la última, en la que yo quitaría “en eso punto” (que de hecho es “ese”), para darle mayor impacto.

    En el párrafo que inicia con: “El intento desesperado de zafarse…” tienes dos adverbios terminados en “mente” muy cercanos. Cambia alguno.

    Son sólo algunos consejos que espero te puedan servir, pero, tú, como autora, tienes la última palabra. Nuevamente te felicito.

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  • Guillermina Leiva
    19 septiembre, 2021 2:02 pm

    Buen relato, narración fluida, creo que el incluir “ un par de tetas” le quita belleza, me parece una forma de expresión que descalifica. Aunque el tema es fuerte, pienso que se puede reemplazar, esa frase.

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  • Me recordó las largas introducciones del programa Mea Culpa.
    Lo lamento, pero mal relato. Tuve que esforarme por leerlo. Los datos técnicos son muy largos de explicar. Alguien por ahí anotó uno.
    Como dijo un Grande: Con buenos sentimientos se hace mala poesía. En este caso, narrativa.

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