Postulantes, por Jotacé Sánchez

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Hace un calor endemoniado y en mis manos sudorosas resbala la carpeta con mi curriculum vitae y mis dos cartas de recomendación. Espero una oportunidad junto a la puerta de la sede del partido. Somos veinte o treinta los que nos formamos en fila, pegados al muro para escapar del sol… y te vemos venir desde la esquina, mascando chicle.

¡Cuidado, cuidado, lindura! Mire que el viento se le cuela de refilón entre las piernas y le levanta la pollerita. Usted siempre tan despreocupada, ¿no?, tan inconsciente, ¿no? Sepa que no todos los muchachos somos capaces de resistir así, de buenas a primeras, la visión de sus nalgas, de soportar sin previo aviso el brillo de sus cachetitos manzanares, de mantenernos en pie ante el espectáculo de su trasero repentinamente descubierto por una brisa loca. Parece no importarle nada, ¿cierto? Claro que no le importa porque usted es la Secretaria Administrativa del Partido y nosotros unos simples militantes en busca de trabajo para parar la olla. ¿Podría recibir mi carpeta?, le preguntaríamos al pasar. ¿Podría usted decirme si se aprobó un nuevo convenio?, la presionaríamos nerviosos, pero no nos sale el habla porque sabemos que usted no pesca. Que no se da por aludida. Fíjese. Mire hacia atrás y observe el reguero de lenguas afuera que viene dejando a lo largo de la calle, tras su paso. Los charcos de saliva humeante que mojan las aceras de este verano sudoroso. Verano humectante o lubricante o deleznable. Verano pringoso que la obliga a salir a la calle con esa minifalda, con ese escote. Por favor. Salir a la calle ofreciendo al público transeúnte su piel lustrosa. No tiene piedad por la triste humanidad, no tiene misericordia, preciosura, de los indefensos compañeros del Partido que al encontrarse a boca de jarro con ese bamboleo de pechugas del que se ufana, no pueden hacer más que aplicarse a la taquicardia, a la hinchazón de la bilis, a la ampliación de las órbitas oculares. ¿Podría usted recibir mi curriculum?, le preguntaríamos, pero sus senos transpirados… ¡uy! Su pezón puntiagudo que se quiere escapar por entre la tela de la blusa… ¡uff! Sus piernas largas, su vaivén de caderas, su cimbreo, su meneo, su zarandeo… ¡ay! No hay quien soporte verla pasar por esta calle sin apretujar una erección bajo el calzoncillo. No hay quien aguante. Fijesé. Y nosotros nos pegamos más al muro para verla pasar. Miradas y miradas que usted induce, que usted incita al permitir el temblor de sus protuberancias. ¿Pero es que no lo nota? ¿No se da cuenta? Claro que se da cuenta. Pirómana. Maléfica. ¡Reciba mi curriculum, por favor! ¡Necesito trabajo! Pero usted sigue caminando sin voltear la mirada ni mover un pelo porque, claro está, le da lo mismo nuestra situación económica o lo que pueda pasar al otro lado de nuestras braguetas.

El caso es que va apurada, como siempre. Apuradísima y gracias al esfuerzo a que la someten los tacones en su caminar desenfrenado, sus nalgas se condensan más de lo estrictamente necesario. Cuando el vientecillo insiste en levantarle su falda, se desata la locura en los hipotálamos de aquellos que tenemos la suerte de observar el espectáculo. Y mientras más rápido camina, más aprieta las nalgas, y más sangre desciende hasta nuestras entrepiernas. Cuestión de proporcionalidad directa. O de proporcionalidad inversa si pensamos en su nulo deseo de satisfacer nuestras urgencias.  ¿Es que acaso no nos conoce? ¿No nos ha visto aquí parados durante días? Durante semanas, durante meses. ¿Acaso no sabe que hemos repartido panfletos? ¿Acaso no hemos hecho puerta a puerta? ¿Acaso no es necesario que recibamos un sueldo por transformar este país? Pero usted apura el tranco y camina concentrada, sin pensar en el alboroto que provoca su paso.

***

Y ahí se nos va nuestra ricura. Se aleja también el retumbar de sus tacones. Mire usted cómo ya casi llega a la puerta de la sede del Partido y cómo proliferan los suspiros de quienes la hemos visto pasar. Se requiebra al buscar en su cartera la llave de la puerta, la encaja en la cerradura y, antes de entrar, corrige disimuladamente la posición del colaless, para después llevarse los dedos a la boca, tomar el chicle que venía masticando, hacer con él una bolita y lanzarlo hacia atrás sin preocuparse del grupo de postulantes que se lanzan sobre él como pirañas. Como si su saliva fuese un trofeo.

La puerta permanece cerrada. Quizás mañana tengamos suerte. Volveré temprano, como todos los días.

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Mariana

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Lindomera

Está hermoso el relato.. súper descriptible, un poco erótico también xD. Pero muy bueno. Me encantó!!

Marianela González Vivanco

¡Chispeante, jocoso y triste a la vez! La angustia por conseguir un trabajo, cualquiera, hacer lo que sea para ganar unos pesos y el consuelo de la distracción sexual alborotada de la juventud. Se disfruta la narración liviana. Gracias por compartirlo.

Wilson Charry

¡Me gustó mucho!

Patricia

Hola, gracias por compartir. Me parece una historia muy inteligente y creo que el tópico de trasfondo es el poder: el poder subyacente al machismo clásico, en contraste con el poder que tiene el personaje de ella sobre las posibilidades laborales de los hombres que esperan (el narrador entre ellos); esto, además, inserto en el contexto del poder político. Me gusta su tono satírico. Lo único que podría «criticar», por supuesto desde la humildad y con mucho respeto a tu formación y experiencia, es que la voz del narrador no logro escucharla como muy genuina, personal, propia de un individuo particular con nombre y apellido, sino me suena más bien como teórica, planificada, proveniente un poco desde la racionalidad del escritor. No sé si me explico. Por supuesto, es una lectura e interpretación subjetiva y pueden haber muchas otras visiones diferentes.

Patricia

Aaaaaah, claro! comprendo. Creo que con el cambio que mencionas, de todas maneras se leerá distinto. Gracias a ti.
Soy una lectora que escribe, así que me alegra poder aportar. Un abrazo

Héctor Cuestas Venegas

Jotacé, buenos días. Me gustó, me mantuve a la expectativa hasta el final, el cual, a mi modo de ver, que da inconcluso. Pero es reflejo de lo que sucede en sociedad. El lenguaje abierto, descomplicado, directo. Gracias por deleitarnos con las letras. Saludos desde Colombia.

María Alicia

Un cordial saludo estimado J. C. Me gusta el relato, pero con todo respeto me parece como un monólogo porque solo tú mencionas el sentir de los demás. Lo erótico está muy bien, aunque me desconcertó un poco la lectura creí que ibas a tratar de política, pero me gusta el relato te felicito.

Susana Buffelli

Me encantó la frescura de los piropos, las cabecitas desveladas,si se puede decir, por un trabajo contrastando con una indiferencia cuasi maléfica ja,ja, me divertí mucho,muy bueno.
Un final inesperado,como debe ser.
Felicitaciones.

Un comentario, querido maestro, JC Sánchez, me hizo a cordarme de una hermosa mujer que conocí en la Universidad, uff que recuerdos jajaja, saludos profe JC Sánchez, muy buen relato como siempre, saludos cordiales para usted.

Leticia

Entretenido, me gustó mucho

Juan jones

Muy de epoca es comun que esto suceda pero esta escrito con los detalles justos para su comprencion no sobra ni falta nada.
Me gusto , corto pero conciso, gracias maestro.

Natasha Valdes

Ingenioso relato mezcla lo erótico con la necesidad de trabajo político de jóvenes soñadores y acalorados ( por la sensual visión de una joven que es la esperanza) por no decir calientes. Se lee fácil y saca una sonrisa o una desilusión. Congrats.

Carmen

Divertido y chispeante!!

Oscar

Instintos carnales y necesidad laboral: una simbiosis interesante 👌🏻

Cristián

Hola JC
Independientemente del erotismo que no me gusta mucho, el momento delirante del personaje me parece muy real. Describir la naturaleza humana es una habilidad en ti. Felicidades

Maritza verastegui

Muy bueno el relato,un poco erótico,pero muy bueno

Agustín Ospina Sánchez

Que son los escritores si no provocadores profesionales. Y que son las mujeres so no las culpables de que, de vez en cuando, hagamos cosas estúpidas como esperar sin esperanza, por ejemplo.

Gio

Jc buen dia. me gusto el relato, las vivencias de los jovenes para lograr empleo con los politicos, mezclada con picardia

René Rojas H.

Me entretube, lo encontré si un poco exagerado, tb . me rei de lo de califa de algunos hombres y de lo provocadora de algunas mujeres, igual algunos pasajes roza en la ficción, para mi.

Gio

Buen dia, un excelente relato, deja espacio para la imaginacion. Felicitaciones

Sonia Delgado Briones

Totalmente descriptivo!! Nadie puede quedar indiferente ante tanta lujuria al pasar. Típico de hombre chileno con el piropo a flor de labios. Te felicito

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