El gran evento, por Raúl Rojas

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Hoy sería una noche especial, la más importante de todas. Este día sería recordado como una efeméride por este pueblo. Todos sus habitantes lo sabían y se habían preparado con mucha dedicación. Las miradas del planeta estarían puestas en este poblado ubicado en el patio trasero del mundo. Habría un antes y un después de esta noche.

Todo comenzó hace un año, cuando el pueblo se confirmó cómo el lugar elegido para este acontecimiento mundial. Las noticias sobre ellos fueron in crescendo. Repentinamente, y sin darse cuenta, casi en un pestañar, el pueblo estaba completamente enchulado. Caminar por las calles del centro, era como estar en un set cinematográfico, aun cuando ninguno de los pueblerinos había estado en un estudio de grabación. Pero con las calles perfectamente limpias y las fachadas pintadas de rojo y blanco, daba esa sensación. El acceso al pueblo ya no era una roñosa calle de tierra. Ahora había un camino pavimentado de doble vía. Eso sí, cada lugareño le ponía de su cosecha. Don Carlitos, ¿supo que pondrán peaje en la entrada?… Oiga comadre, escuché por ahí, donde la vecina Gloria, que en el Fundo Las Ánimas pondrían un aeropuerto.

Todos estaban excitados con el magno evento. Uno de ellos era Simón Chamorro, un corriente funcionario municipal de cuarenta años, de los cuales veinte, había servido detrás del mismo escritorio edilicio. Había que hacer carrera en ese lugar, ¿qué más se podía hacer en ese pueblo?

De la noche a la mañana, pasó de ser Chamorrito, sobre todo para quienes le pedían favores, a Simón, o Don Simón, pues sería el personaje clave para el grandioso suceso. Un mes antes de la célebre jornada, llegó la confirmación. Simón Chamorro había sido elegido como representante del pueblo. Estaba decidido, él daría el vamos, quebraría la botella de champán en el barco, daría el puntapié inicial, cortaría la cinta, pues, sería el encargado de la principal labor del evento, aun cuando no se sabía qué tenía que hacer ni qué sucedería ese día. Eso sí, se codearía con todos los famosos.

Desde su nominación, se había vuelto una celebridad. Cuando la noticia corrió, comenzó a ser detenido en las calles. Tómese una fotito con nosotros amigo Simón… No importa Simoncito, después me lo paga, pero vuelva si pue’.

Un día, a Simón Chamorro le llegó un mail confidencial del gran sponsor, indicando cuál sería su participación en la cita planetaria. Efectivamente, sería el encargado del momento épico de la noche. Desde ese día, Simón trabajó sólo media jornada en la municipalidad, pues tenía que ensayar su performance. Todos los días practicaba. El movimiento de su brazo, tenía que salir a la perfección. Su preparación también consideraba un brusco cambio en su alimentación y trote matutino. Un par de mañanas, había sido acompañado por el mismo alcalde junto a su jefe de prensa y redes sociales. Este año había elecciones. ¡Vamos, vamos Chaparro, con más ánimo, no se quede atrás!… Este jutre no se sabía ni su nombre.

A la semana siguiente, el pueblo se volvió loco. Había llegado la noticia que los anfitriones serían, nada más ni nada menos que, Robert Downey Jr. y Scarlett Johansson. Sí, los mismísimos superhéroes de Marvel. En las ferias y boliches, la venta de toallas de Iron Man, Viuda Negra y Don Simón, se habían disparado.

En la televisión, se escuchaba a la máxima autoridad del país diciendo que, sin querer tenía agendada una visita al pueblo y que calzaría con el apoteósico acontecimiento. Con profunda emoción, orgullo y entusiasmo, anuncio que estaré con ustedes mis ilustres, nobles y distinguidos amigos. Ni sus más acérrimos detractores, incluido el alcalde, lo criticarían por esa auto invitación.

Dos días previos a la gran noche, el pueblo estaba lleno de periodistas, famosos, modelos y agentes de seguridad. La poca o, más bien, casi nula capacidad hotelera, estaba copada. El alcalde había salido en televisión, más veces que sus famosos colegas de la capital que olían a candidato presidencial. La plaza del pueblo se había cerrado. Se montó un gran escenario y un par de pantallas gigantes. Sobre la gran estructura, lucía la conocida marca registrada, el organizador de todo. Junto al escenario, se instaló un gran telescopio conectado a las pantallas. En esas noches, cuando se hacían las pruebas, los pueblerinos habían visto cómo proyectaban la luna. ¡Se veía cerquita ‘On Lucho, la cosa parecía cine!

A esta altura, Simón Chamorro, tenía muy claro sus movimientos. Debía pararse en el centro del escenario, donde estuviese la equis y cuando escuchara decir Saimon plis, tal como tenía escrito, con su puño y letra en un papel, daría tres pasos para adelante. Con sus manos debía tomar la vistosa y desproporcionada palanca roja y jalarla hacia él. Sin olvidar sonreír todo el tiempo. Pero sería muy poco para él. Algo más tenía que hacer para destacarse. Por algo lo habían elegido. Ya no quería volver a… Chamorrito, sáqueme este parte por favor. Así que, prepararía en secreto algo especial. Algo a la altura de Tony Stark y su “Yo soy Iron Man”. Llevaba todo el tiempo consigo, el papel con su plan.

Hasta que llegó el gran día. Todos en el pueblo estaban vestidos con las poleras que les regalaron. Unos de rojo con el logo blanco, otros de blanco con el logo rojo. Simón, que recién había estado firmando autógrafos a la salida de la Peluquería Unisex Don Ricardo, se dirigió a la plaza para el gran ensayo, no sin antes, le repasaran su clásico corte de pelo, estilo tradicional. Todas las calles aledañas estaban cerradas. De pronto, escuchó un ruido de motor entre cortado desde el cielo. Cuando Simón se acercó a la explanada detrás del escenario, vio bajar de un helicóptero a las esperadas estrellas de Hollywood. ¿Sería cierto? Eran tan majestuosos que, sólo con caminar y sonreír, mostraban todo su glamour. Ahí quería llegar. ¡Simón Chamorro, al escenario!

Ya era de noche y la música anunciaba el comienzo. Todo el pueblo estaba ahí. En primera fila, las autoridades y celebridades.

¡Ladies and gentlemen, let me give you the wonderful Scarlett Johansson and the amazing Robert Downey Jr.! El pueblo se vino abajo. Los vítores y aplausos fueron estrepitosos. Eso pondría más ansioso a Simón. Los animadores comenzaron a hablar mirando las cámaras. Leían sus diálogos proyectados desde un acrílico delante del lente. Eso no tenía gracia, haría su parte sin torpedo.

Continuaban hablando animosamente entre ellos. Nadie en el pueblo entendía lo que decían. Qué importa comadrita linda, si está el mijito rico del Iron Man acá.

Mientras en las pantallas gigantes mostraban videos contando la historia del sponsor, Simón estaba tras bambalinas repasando sus movimientos. El nerviosismo se lo estaba comiendo. Cada diez segundos miraba su arrugado papel para repasar la sorpresa preparada. ¡Sería espectacular!

Antes de él, habían entrado al escenario un gran oso polar y Santa Claus, como estos gringos le decían. Por los parlantes sonaba música de película, llena de violines que subían la tensión… se venía el clímax de la noche.

Simon Chamorro, come to the stage please, se escuchó de la sensual Scarlett. El corazón se le saldría por la garganta.

La luz del inmenso escenario se apagó lentamente, seguido de todo a su alrededor. El pueblo quedó a oscuras. La mayoría estaba con binoculares, unos con lentes especiales. Otros, habían ido con telescopios portátiles. Las pantallas gigantes estaban encendidas con el mínimo brillo, proyectando en vivo y en directo, una cercana imagen de la luna llena.

Había llegado el momento. Simón tenía que hacer sus tan ensayados movimientos. Simon please, escuchó decir del sonriente señor Stark. Con sus latidos en los oídos y sus piernas que parecían de hilo, dio los tres pasos preparados, pero en vez de acercarse a la palanca roja, se movió hacia su derecha. Desde un costado del escenario el productor aleteaba y gritaba. No entendía nada de inglés. Desconocía qué tipo de improperios le estaban dedicando. Pero qué importa, éste sería su momento. Con una personalidad inusual en él, cogió un micrófono y dijo: Un pequeño movimiento para el hombre, un gran cambio para la humanidad. Tomó la palanca roja y la jaló.

En el pueblo no se escuchaba ni el vuelo de una mosca. Había un silencio sacro. Al cabo de un eterno par de segundos, se pudo ver la culminación del gran evento planetario. Desde ahora en adelante, desde la luna se leerá…

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Coca-Cola.

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