Una Navidad diferente, por Mariana Ampuero

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−Acabamos de enterrar a la Rosa y ustedes riéndose.  ¡Cuándo será el día en que aprendan a respetar, mierda! –les gritó el padre, mientras conducía de regreso a casa.

−No es pa’ que se enoje tanto, papá. Solo hablábamos de la Ana, porque sigue llorando, se pasa la mano por la cara y los mocos están por todos lados, ja, ja, ja, ja −contestó Juan, el hermano mayor.

−¡Ya, dejen de reírse! Era su madre, cómo no la va a llorar. Anita, tome mi pañuelo, límpiese la cara. Yo sé que usted tiene una gran pena, su mamita se fue al cielo, pero nos tiene a nosotros. Usted sabe que la quero como si fuese mi hija y los cabros también, ¿o no?

−Sí, claro. Es como nuestra hermanita menor –respondió Miguel. Luego se acercó a la oreja de Juan, para decirle: “harto güena que se está poniendo nuestra “hermanita menor” ¿te habís fijao?”. Ambos sonrieron.

−Oiga pá y ahora que doña Rosa no está ¿quién se hará cargo de la casa? –preguntó José, otro de los hijos.

−Entre todos será. Cada uno tendrá que ayudar con los quehaceres. Anita ya sabe cocinar, así que ella se encargará de la comida.

−Papá –dijo Anita− está bien, pero la dejaré hecha en la noche, recuerde que salgo tarde del liceo.

−Me parece bien. No quero que descuide sus estudios. Le prometí a su mamá que usted terminaría la media y luego la mandaría donde su tía para que siga en el instituto y sea alguien en la vida, no como esta manga de flojos de hijos que tengo, que ninguno quiso estudiar.

−Nosotros trabajamos, no tiene porqué tratarnos de flojos.

−Los trato como me dé la gana ¿oyeron?

La vida siguió su curso con cierta normalidad, hasta la llegada de las vacaciones de verano y el término del año escolar.

Desde el fallecimiento de su madre, Anita se había preocupado de ser la mejor alumna, porque eso le permitiría entrar al Instituto sin complicaciones; no necesitaba rendir la PAES y lo más importante, quería salir de esa casa que siempre le traía a la memoria los momentos compartidos con Rosa.

Pero no se dio cuenta de que sus “hermanos” tenían otras intenciones: empezaron a exigirle que les lavara la ropa, les preparara el desayuno e hiciera el aseo de la casa. Por supuesto, esto ocurría cuando el padre ya se había ido a trabajar.

Además, empezaron a tocarla cada vez que pasaba cerca; primero como “por casualidad”, luego le pedían disculpas; después, deliberadamente y con amenazas si le contaba al padre. Los 20 de cada mes él se ausentaba por una semana, pues iba a la ciudad para cobrar la pensión, ocasión que aprovechaba para ir donde una antigua amiga.

Ese día, Anita le había rogado a su padre que la llevara con él, aduciendo que deseaba conocer el instituto donde iba a estudiar.

−Papá, lléveme con usted, no lo molestaré para nada. Me quedaré donde mi tía, iré al instituto para ver lo de la matrícula y cuándo comienzan las clases.

−Hija, todavía no termina el año y usted ya quere irse. Se viene la Navidad y usted sabe que a su mamita le gustaba que la celebráramos todos juntos. Le prometo que después de Año Nuevo la llevo pa´ donde su tía ¿qué le parece?

−Papá, por favor, lléveme –rogó, casi llorando.

José, que se había ubicado detrás de su padre, miró fijamente a Anita, haciéndole señas amenazantes.

−Le dije que por ahora no – replicó cortante el padre.

Los muchachos, disimuladamente, sonrieron.

Esa noche, los hermanos entraron a la habitación de Anita y la violaron reiteradamente. La resistencia de ella era respondida con golpes dados en zonas que no dejaban marcas a la vista. La situación se repitió todas las noches de esa semana.

Se acercaba Navidad y el padre quiso que no se perdiera la costumbre de celebrarla. Compró una buena provisión de carne, verduras, frutas, y mucho vino.

El árbol adornado y las luces navideñas le daban un aspecto alegre a la casa.

Anita preparó la cena. Todos festejaban, menos ella. Los ¡salud! se sucedían unos tras otros sin medida alguna.

A la medianoche, los hombres apenas podían levantarse de sus asientos por lo borrachos que estaban.

−Anita −llamó el padre–, reparte los regalos, yo no puedo ni moverme, ja, ja, ja. Me pesan las piernas ¿por qué será? Ja, ja, ja, ja.

−Sí, papá. Enseguida. Voy y vuelvo.

Anita subió al dormitorio del padre, abrió el ropero y tomó el rifle. Sus sentimientos: pena, amargura, dolor, rabia, odio, se vieron reflejados en su mirada.

Vio si el rifle estaba cargado y al comprobar que lo tenía listo, bajó con él entre sus manos. No dudó. El primer disparo fue directo a Juan, luego a Miguel y después a José.

Su padre, que estaba semi dormido, se despertó asustado.

−Anita –gritó con lengua traposa−, ¿qué hiciste?, ¿mataste a tus hermanos?

−¡No son mis hermanos y claro que los maté! −respondió la joven, furiosa– y ahora le toca a usted –profirió apuntándole directo al pecho−. Siempre dijo quererme como a una hija y me dejó con esos salvajes malditos.

−¡Hijita, por amor a Dios, no lo hagas! –rogó.

Anita miró a su padre, bajó el arma apoyándola en el piso, afirmó su barbilla en la boca del rifle.

−¡Feliz Navidad, papá! − y apretó el gatillo.

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Patricia López

Fantástico!!!

Mariana

Muchas gracias, Patricia.

Pedro Ruiz

Bueno, una navidad sagrienta, un estilo que se fue con el tiempo. Al estilo de Ágatha christie. Y falta. Hércules.

Mariana

Hércules, probablemente andaba resolviendo otro caso. Gracias por tu comentario

R.R.

Como siempre destaca tu capacidad para crear atmósferas y ambientes con diálogos muy bien elaborados.

Mariana

R.R. te agradezco el comentario.

Carmen

Un relato bien escrito y una situación bien descrita. Me gustó el lenguaje usado y el final.uff fuerte!
Me gustan tus cuentos. Felicito a la escritora.

Mariana

Agradecida por tu comentario y tus felicitaciones.

María Angélica San Martín

Excelente cuento de nivel de un Juan Rulfo, de un Cortázar
!!quedé sin palabras !!
Felicitaciones, a Mariana Ampuero.

Mariana

María Angélica, ¿No será como mucho? Te todos modos, muchas gracias.

Marmaduque castro

La brutalidad a veces no tiene límites .la maldad camina entre nosotros tratando de seducirnos.siempre hay que estar atentos u atentas.la crueldad lastima aunque sea un cuento .para los más viejos que tenemos tanta información acumulada.cruel pero efectivo.

Mariana

Es la naturaleza humana. El que puede sacar partido de lo que se lo presenta, lo toma y basta.

Cecilia Caro

Un cuento muy bien escrito, una excelente historia con diálogos muy bien logrados. Felicitaciones Mariana.

Mariana

Muchas gracias Cecilia.

Saskia

Excelente! El manejo del lenguaje en los díalogos nos muestra más que una descripción. Felicidades!

Mariana

Te agradezco el comentario, Saskia.

Cecilia Saa Bahamondes

Describir estas realidades es un deber, mostrar la agonía q se esconden en muchas familia es difícil y lo logras en forma directa y transparente. Tus diálogos inmejorables!!

Mariana

Hola, Cecilia. Muchas gracias por tu comentario .

Dario Zuñiga

Lenguaje claro y buena narrativa. Una trama sangrienta, cruel, con personajes brutales y perversos sacando sus bajos instintos en una niña incapaz de defenderse. Un padre incapaz de ver la realidad que ocurre en su propio hogar dan cuenta de una personalidad inconsciente, despreocupada, borracho igual que los hijos, criados sin los mínimos valores de convivencia humana, sin respeto por la mujer, egoístas. El inmenso dolor causado en esta niña que se siente y se sabe indefensa viendo que su padre no tiene conciencia de su delicada y peligrosa relación con sus hermanastro, no le queda otro camino que una venganza rápida con carácter de justicia y que, al mismo tiempo, termina con su existencia, con su vergüenza, dando una dolorosa lección a su padre. Felicitaciones a la autora, aunque prefiero relatos más humanizantes.

Mariana

Muchas gracias por tu comentario. Es exactamente la idea que quise plasmar en este cuento.
Desgraciadamente, todavía nos enteramos de que está situación sigue sucediendo y la mayoría de las veces, son las personas más cercanas quienes actúan tan brutalmente.

Francisco Antonio Bustos Úbeda

Una historia cruel y descarnada, que eriza la piel cada vez que la escuchamos, casi a diario en el noticiero matinal
Es como un vaso de ajenjo tomado en ayunas, de una envión
Bien Mariana, tenemos que reconocer con vergüenza, que es una verdad camuflada solo como crimen pasional

Mariana

Gracias por tu comentario.

Iván Olguín

Admiro y defiendo los relatos de este tipo, que se atreven a tratar temas delicados sin tapujos. Hay personas que pasan la mayor parte de su vida en la oscuridad, como tu protagonista, y por lo mismo es difícil imaginar un final distinto.
Los diálogos son geniales, ya te lo han dicho. A mí me parecen incluso teatrales (en un buen sentido), como si tu narrador nos zamarreara.
Felicitaciones!
Felicitaciones Mariana

Mariana

Muchas gracias Iván

Juan Carlos Muñoz

Qué buen relato Mariana. Bien descrito, con buen ritmo, la atmósfera adecuada y el suspenso y el terror de adivinar el final ¡Y el final! ¡Qué golpe al lector! Buenísimo. Te felicito

Mariana

Muy agradecida por tu comentario. Saludos

Lily

El final me dejó sin aliento! Tocas un tema real y brutal a través de un diálogo muy bien logrado. Felicidades!

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